Entre los cuatro Evangelios, el de San Marcos destaca por su brevedad, su ritmo y su fuerza. No se detiene en largos discursos: presenta a Jesús en movimiento, actuando, sanando, liberando. Para comprender esta mirada, es clave compararla con los otros evangelistas y entender qué es realmente un Evangelio.
En el Evangelio no hay espacio para la indiferencia. Su ritmo, su urgencia, su intensidad… todo apunta a una decisión. No todos cuentan lo mismo. Este es Marcos









