Catalina Davis no se acerca a este mundo desde la teoría, sino desde una vivencia personal intensa. Su entrada en las terapias alternativas se produce en un momento de sufrimiento físico importante, marcado por una falta de visión que la medicina tradicional no consigue resolver. En ese contexto, su contacto con este tipo de terapias supone un giro radical. En apenas unos minutos de la primera experiencia, su situación cambia de forma inmediata, hasta el punto de sentirse "curada".
Ese instante se convierte en un antes y un después. Lo que en un principio aparece como una respuesta inesperada y esperanzadora, la lleva a adentrarse cada vez más en el universo de la Nueva Era. Reiki, reprogramación emocional, terapias energéticas, meditación, coaching espiritual… todo un entramado de prácticas que, poco a poco, pasan a formar parte de su vida cotidiana.
La gran prisión

El propio libro describe ese proceso como una inmersión progresiva y, además, como una dinámica de necesidad constante. Según su relato, la mejora inicial no cerraba el camino, sino que lo abría aún más: se producía una sensación de curación puntual —en su caso, vinculada a la visión—, pero después aparecía la necesidad de nuevos pasos, como cursillos para sanar otras áreas, talleres específicos o nuevas sesiones dirigidas a "curaciones" de problemas que iban surgiendo posteriormente. Una cosa llevaba a la otra, en una cadena continuada que implicaba también una inversión económica creciente.
En ese contexto, el recorrido descrito por Catalina se va volviendo más complejo. No solo por la progresión dentro de las terapias, sino por la forma en que su papel dentro de ese entorno también evoluciona. En su testimonio explica que, en un momento determinado, pasó a ejercer como médium dentro de ese universo.
Es precisamente en el periodo en el que ella ejercía como médium cuando se produce un encuentro fortuito con un sacerdote del Opus Dei, que la anima y le invita a participar en un retiro centrado en las Sagradas Escrituras. Ese momento se convierte en un punto de inflexión en su trayectoria: Catalina comienza a mirar de forma distinta todo lo vivido hasta entonces y a replantearse los riesgos del camino que estaba siguiendo, al que sentía que se estaba viendo arrastrada. Es en ese tiempo cuando se da cuenta de que padece una posesión demoníaca, de la que, gracias a Dios, salió mediante exorcismos.
La Nueva Era

Catalina habló para Aleteia de ese momento y explicó que fue entonces cuando comprendió de un modo muy profundo el sentido de la cruz. Describió una experiencia en la que, en los momentos de máximo sufrimiento físico, vividos en los momentos que entraba en trance, percibía al mismo tiempo una realidad interior completamente distinta: la certeza de un amor incondicional de Dios que la acompañaba y la sostenía de forma constante durante todo el proceso.
A partir de ahí, comienza a reunir en un grupo de WhatsApp a las personas a las que ella misma había introducido en la Nueva Era, compartiendo con ellas oraciones. Ese grupo se convierte en el origen del Movimiento Creo, una iniciativa orientada a acompañar a personas que han pasado por experiencias similares dentro del ámbito de la Nueva Era, ofreciéndoles un espacio de oración, apoyo y discernimiento.
Más que una estructura formal, el movimiento se presenta como una red de ayuda espiritual, marcada por el testimonio personal de su fundadora y por el deseo de orientar a otros hacia una vivencia de la fe que, según relata, fue clave en su propio proceso de liberación.
El libro se sitúa así como una combinación perfecta entre advertencia sobre un fenómeno cada vez más extendido e infravalorado y un testimonio vivido en primera persona. Catalina Davis es una mujer que mira de frente con paso firme, de la mano de la Virgen, en un camino recorrido desde la fe y sostenido por ella en todo el proceso.










