"Sin un cambio de rumbo en el ejercicio de la responsabilidad política y sin respeto por las instituciones y los acuerdos internacionales, el destino de la humanidad corre el riesgo de verse trágicamente comprometido", advirtió León XIV durante su primer discurso público en Guinea Ecuatorial, el 21 de abril de 2026, en el palacio presidencial de Malabo. Dirigiéndose al presidente Teodoro Obiang Nguema y a las autoridades civiles del país, el pontífice peruano-estadounidense se basó en la doctrina social de la Iglesia para instar a un sistema político menos desigual y al respeto de los derechos humanos.
Tras recorrer los nueve kilómetros que separan el aeropuerto del palacio presidencial en el papamóvil, en medio de grandes vítores populares, el Papa se reunió con el presidente Teodoro Obiang Nguema, quien ostenta el poder desde el golpe de Estado de 1979 contra su tío. A su llegada a la sala de conferencias del palacio presidencial, se proyectó una secuencia de videomapping en la cúpula. En su discurso de bienvenida, el presidente describió la visita del Papa como un "privilegio especial" para su pueblo.
León XIV, que habló en español, inició su discurso con unas palabras dirigidas personalmente al líder de Guinea Ecuatorial, que ya estaba en el cargo durante la anterior visita papal en 1982. "Juan Pablo II lo describió, señor presidente, como 'el centro simbólico hacia el cual convergen las aspiraciones vivas de un pueblo para el establecimiento de un clima social de auténtica libertad, justicia, respeto y promoción de los derechos de cada persona o grupo, y mejores condiciones de vida'", recordó el sucesor del pontífice polaco.

"Estas son palabras que siguen siendo relevantes y que suponen un desafío para cualquiera que ostente responsabilidades públicas", advirtió León XIV ante el jefe de Estado, quien lleva 47 años en el cargo, lo que lo convierte en el líder en ejercicio de mayor edad del mundo, excluyendo las monarquías.
El Papa utilizó el nombre de la nueva capital deseada por el presidente, Ciudad de la Paz, para retomar su reflexión inspirada en san Agustín sobre la dualidad entre "la ciudad de Dios" y "la ciudad terrenal", que había desarrollado el pasado mes de enero durante su discurso al cuerpo diplomático.
"La ciudad terrenal se centra en el orgulloso amor propio, en la sed de poder y gloria mundanos que conducen a la destrucción", advirtió el Papa, lanzando aparentemente una advertencia ante el "imponente proyecto" desarrollado para la construcción de la nueva capital.
"¡Que tal decisión impulse a cada conciencia a examinar la ciudad a la que desea servir!", pidió el pontífice. Todo cristiano debe percibir "la diferencia entre lo que perdura y lo que perece, protegiéndose de la riqueza injusta y la ilusión de dominación", advirtió el sucesor de Pedro.
La Iglesia como motor de transformación
En este contexto, el Papa explicó que la Iglesia Católica debe, por lo tanto, "contribuir a la formación de las conciencias" y proponer "criterios morales y principios éticos auténticos".
Al explicar que la doctrina social de la Iglesia debe orientarse a abordar los desafíos de cada generación, el Papa se centró en el tema de la desigualdad, particularmente acuciante en Guinea Ecuatorial. Señaló que, junto con los rápidos avances tecnológicos, también se ha desarrollado la especulación vinculada a la necesidad de materias primas, causando graves daños sociales y ambientales en un país cuyo crecimiento económico se ha basado en la exploración petrolera.
Al rendir homenaje al Papa Francisco, "que dejó este mundo hace apenas un año", León XIV citó su exhortación apostólica Evangelii Gaudium, en la que decía "no a una economía de exclusión y desigualdad social. Tal economía mata".
"La proliferación de conflictos armados tiene entre sus principales motivaciones la colonización de los yacimientos de petróleo y minerales, en desacato al derecho internacional y a la libre determinación de los pueblos", protestó León XIV.
El nombre de Dios no puede justificar los "actos de muerte"
"Dios no quiere esto. Su Santo Nombre no puede ser profanado por la voluntad de dominar, la arrogancia y la discriminación; sobre todo, nunca debe ser invocado para justificar decisiones y actos de muerte", advirtió firmemente León XIV.
"Que su país no dude en reexaminar sus trayectorias de desarrollo y las oportunidades positivas para posicionarse en el escenario internacional al servicio del derecho y la justicia", pidió el Papa, ante el líder de uno de los regímenes más autoritarios de África y del mundo.
"En un mundo marcado por la tiranía, la gente tiene hambre y sed de justicia", declaró el Papa, exhortándolos a "atreverse a impulsar políticas no convencionales centradas en el bien común" y a "tener el valor de adoptar nuevas visiones y un pacto educativo que brinde a los jóvenes espacio y confianza".
"¡Su país es joven! Por lo tanto, estoy seguro de que encontrarán en la Iglesia apoyo para formar conciencias libres y responsables, con las que podrán avanzar juntos hacia el futuro", exhortó el Papa.
"Caminemos juntos, con sabiduría y esperanza, hacia la Ciudad de Dios, que es la ciudad de la paz", concluyó León XIV. En su mensaje dejado en el libro de visitas tras el encuentro, León XIV escribió: "Que la luz del Evangelio, que llegó hace 170 años a Guinea Ecuatorial, guíe siempre el camino de su pueblo hacia la justicia y la paz".
El Papa se dirigió luego al Palacio Arzobispal de Malabo para almorzar, en un ambiente marcado por el inesperado fallecimiento del Vicario General de la diócesis, el padre Fortunato Nsue, quien había participado en la organización de la visita papal.










