Aleteia hace un breve recorrido en el tiempo al recordar las hermosas palabras con las que el Papa Francisco inició y se despidió de su pontificado
Hace un año, un 21 de abril, lunes de Pascua, una noticia conmocionó al mundo: el fallecimiento del Papa Francisco. Un momento difícil para la Iglesia: por un lado, celebramos la alegría de la Pascua, y por otro, sentimos una profunda tristeza porque despedimos al papa n.º 266 sucesor de san Pedro y primer pontífice latinoamericano de la historia.
Las primeras palabras: fraternidad y oración
¡Habemus Papam! Escuchamos por primera vez a Francisco cuando fue elegido el 13 de marzo de 2013 en la plaza de San Pedro. Fue ahí donde, en medio de una multitud, sorprendió a los fieles con un sencillo saludo:
“Hermanos y hermanas, buenas tardes”.
Comenzó su discurso agradeciendo la acogida y reconociendo su nueva misión: “La comunidad diocesana de Roma tiene a su Obispo”. Una gran alegría se escuchó tras estas palabras. Después, pidió rezar por el papa emérito Benedicto XVI, recordando su servicio a la Iglesia.
El Papa continuó remarcando algunas virtudes —que serían clave durante los siguientes 12 años— y que marcaban el camino de la Iglesia:
“Un camino de fraternidad, de amor, de confianza entre nosotros. Recemos siempre por nosotros: el uno por el otro. Recemos por todo el mundo, para que haya una gran fraternidad. (...) Os pido un favor: antes que el Obispo bendiga al pueblo, os pido que vosotros recéis para que el Señor me bendiga: la oración del pueblo, pidiendo la Bendición para su Obispo”.
Desde el inicio vimos también su gran amor por María:
“Hermanos y hermanas, os dejo. Muchas gracias por vuestra acogida. Rezad por mí y hasta pronto. Nos veremos pronto. Mañana quisiera ir a rezar a la Virgen, para que proteja a toda Roma. Buenas noches y que descanséis”.
Este amor fue palpable en numerosas ocasiones, pero quizá la más reiterada fue verlo visitar a la salus populi romani en la basílica de Santa María la Mayor al regresar de sus viajes apostólicos.
Sus últimas palabras: esperanza en la vida eterna
El último mensaje que escuchamos de Francisco fue durante la Semana Santa de 2025, en el Domingo de Resurrección. A pesar de su reciente salida del hospital Gemelli —donde estuvo internado por más de un mes— aún tenía un mensaje de esperanza para el mundo.
Fue en su bendición Urbi et Orbi donde comenzó diciendo:
“Cristo ha resucitado, ¡aleluya! Hermanos y hermanas, ¡feliz Pascua!”.
A continuación, un fragmento de este discurso en el que expresa el significado del tiempo pascual:
“Hermanas y hermanos, especialmente ustedes que están sufriendo el dolor y la angustia, sus gritos silenciosos han sido escuchados, sus lágrimas han sido recogidas, ¡ni una sola se ha perdido! En la pasión y muerte de Jesús, Dios ha cargado sobre sí todo el mal del mundo y con su infinita misericordia lo ha vencido”.
En su mensaje nos recordó la alegría de Cristo resucitado y afirmó, con esperanza, que la vida siempre prevalecerá. También subrayó que estamos llamados a la santidad como una vocación concreta para todos los cristianos.
Asimismo, dedicó un momento a pedir por los países en conflicto y por quienes sufren persecución, para que Dios conceda consuelo a los cristianos que viven en dificultad o no pueden profesar su fe libremente.
Finalmente, Francisco se despidió con estas palabras que hoy permanecen en nuestra memoria, recordándonos que Jesús vive para siempre y nos invita a la vida eterna, donde ya no habrá “ecos de la muerte”:
“En la Pascua del Señor, la muerte y la vida se han enfrentado en un prodigioso duelo, pero el Señor vive para siempre (cf. Secuencia pascual) y nos infunde la certeza de que también nosotros estamos llamados a participar en la vida que no conoce el ocaso, donde ya no se oirán el estruendo de las armas ni los ecos de la muerte (...)”.
Las frases que más recordaremos del Papa Francisco
Tras más de una década de pontificado, el Papa nos dejó discursos, cartas, encíclicas y frases que permanecerán en el corazón de la Iglesia. Nos enseñó, con palabras y acciones, el amor y la misericordia de Dios:
Descansa en paz, Papa Francisco (1936–2025) y gracias por recordarnos que la fe se vive con alegría, sencillez y misericordia.














