A bordo del vuelo papal con destino a Argelia esta semana, el papa León XIV, en declaraciones a los periodistas, se refirió a una carta del siglo IV: la Carta 130 a Proba, de san Agustín de Hipona.
Esta referencia nos permite vislumbrar la identidad agustiniana del papa, una identidad que ha asumido abiertamente desde su elección, autodenominándose "hijo de Agustín". Esa herencia marca su lenguaje y el camino espiritual que propone a toda la Iglesia.
La oración como deseo
En la Carta a Proba, Agustín responde a una pregunta sincera: ¿Cómo se debe orar, sobre todo cuando la propia Escritura admite que "no sabemos orar como conviene" (Rom 8, 26)?
La oración, explica, no consiste principalmente en palabras, sino en deseo. "Prolongar la oración", escribe Agustín, "es tener el corazón palpitando con una emoción piadosa y continua". Lo que importa no es la elocuencia, sino el anhelo: una orientación constante del alma hacia Dios.
Esta idea, destacada por el papa León, disipa una inquietud moderna: la presión de "rezar bien". Agustín libera al creyente de la "técnica". Incluso el anhelo sin palabras puede ser más auténtico que frases cuidadosamente construidas. La verdadera oración ensancha el corazón, ampliando su capacidad para recibir lo que busca pero que aún no puede comprender plenamente.
La búsqueda de una vida feliz
La enseñanza de Agustín sobre la oración es inseparable de su concepción de la felicidad. En la Carta 130, insiste en que todo ser humano anhela, en última instancia, una vida feliz, y que esa felicidad no es otra cosa que Dios mismo.
Este tema se hace eco de su obra anterior, Sobre la vida feliz, uno de los Diálogos de Cassiciacum escritos poco después de su conversión. En ella, Agustín explora la felicidad como participación en la verdad y comunión con Dios. La búsqueda inquieta de la plenitud, tan familiar hoy en día, encuentra su respuesta en la alineación con lo divino.
La oración, entonces, se convierte en el campo de entrenamiento del deseo. Pedimos lo que aún no podemos ver y, al pedirlo, aprendemos a desear correctamente.
Los Diálogos de Cassiciacum
El Papa agustino
La recomendación del papa León resulta especialmente acertada teniendo en cuenta su peregrinación por el norte de África, la tierra donde Agustín ejerció como obispo de Hipona. Su visita a la basílica cercana a Hipona Regia supone un retorno a las raíces espirituales.
De hecho, en la misma conversación con el periodista de OSVNews, afirmó: "En este viaje en particular, diría que si alguien no ha leído Las confesiones de San Agustín, es un excelente punto de partida".
Esta continuidad también explica las recurrentes referencias del Papa a Agustín, incluso con un toque de humor, como relata Mares. La voz del santo ofrece algo de perdurable relevancia: una forma de comprender el corazón humano que trasciende los siglos.










