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Annaba: el día de León XIV siguiendo los pasos de su maestro espiritual

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Anna Kurian - publicado el 14/04/26
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El 14 de abril, León XIV pasó el día en Annaba, una ciudad costera del noreste de Argelia. A pesar del mal tiempo, lluvioso y ventoso, acudió allí para rendir homenaje a su maestro espiritual, San Agustín (354-430), quien fue obispo de Hipona —nombre de la antigua Annaba— durante más de treinta años

"El día de su elección como Sumo Pontífice, pronunció unas palabras que conmovieron al pueblo argelino y, en especial, al de Annaba: 'Soy hijo de Agustín'… Y desde ese día, quedó claro para todos que usted vendría". El saludo de monseñor Michel Guillaud, obispo de Constantina, en la basílica de san Agustín en Annaba, es triunfal.

El papa de espiritualidad agustiniana ha venido en persona a la ciudad de su maestro espiritual, el obispo de Hipona, y al hacerlo, se ha convertido en el primer papa de la historia en visitar Argelia. Este martes, las calles del centro de Annaba, gran aglomeración costera de más de 300 000 habitantes al este del país, se han engalanado con las banderas blancas y amarillas del Vaticano, que ondean junto a las banderas argelinas verdes y blancas. Además de una fila de jinetes en el aeropuerto y un importante despliegue de seguridad en todas las arterias, el jefe de la Iglesia católica también es recibido por… torrentes de agua. Desde su llegada a Argel el día anterior, las inclemencias del tiempo se han abatido sobre el país más grande de África.

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El temporal hace sonreír a los argelinos: "Aquí, como llueve muy de vez en cuando, la lluvia es una bendición para la tierra y los cultivos. Cuando llega la lluvia, tenemos esta expresión: 'Jab el khir' —'Dios ha traído la bendición'", confiesa el padre José María Cantal Rivas. Y el misionero español bromea: "Como desde que el papa está en Argelia llueve, algunos argelinos han dicho que de ahora en adelante lo llamaremos ‘León Jab el khir’ —León que trae bendiciones por dondequiera que pasa".

No obstante, la lluvia torrencial ha trastocado los planes del pontífice estadounidense. Su visita al sitio arqueológico de Annaba, un vasto recinto sobre los vestigios de la antigua ciudad donde Agustín fue obispo, tuvo que ser acortada. El Papa no pudo pasear entre las ruinas de la época romana y tuvo que detenerse en la entrada, depositando una corona sobre el césped empapado.

En la tierra de Agustín

Esos diez minutos que el papa número 267 pasó en el lugar podrían resumirse en unas pocas imágenes: nubes grises, impermeables empapados, un coro apiñado bajo una carpa con las lonas arrugadas por las ráfagas de viento y charcos pantanosos. Pero lo que más se recordará son las sonrisas felices del papa y de los scouts musulmanes que, juntos, dieron unas paladas para plantar un olivo joven. Y ese momento especial en el que todos dieron delicadamente un paso atrás para dejar que León se recogiera: el "hijo de san Agustín", con las manos juntas, observó entonces un momento de intenso silencio, con la mirada baja, visiblemente conmovido, ligeramente pensativo, frente a esta tierra sobre la que caminó su maestro 1.600 años antes.

"Todos acabaron por comprender que Agustín era para ustedes un hermano mayor en su camino de fe", confiesa monseñor Guillaud unas horas más tarde, en la basílica de san Agustín, donde resuenan los cantos festivos. Es allí donde el Papa eligió celebrar su única misa durante su estancia en Argelia. Un edificio que conoce bien, ya que Robert Prevost, entonces prior de su orden, participó en 2013 en su inauguración tras varios años de renovación.

En Argelia, ver al obispo de Roma seguir los pasos de san Agustín no deja indiferente a nadie. !Durante mucho tiempo, Agustín fue presentado como el precursor del colonialismo… pero con este viaje, los argelinos comprenden que es una figura muy importante para muchos!, analiza el padre José María Cantal Rivas. Y espera que esta visita histórica permita !que haya más confianza hacia los cristianos por parte de todos los argelinos".

De hecho, ese es el llamado implícito que lanza el Papa en su homilía en francés, confiando a los cristianos la "regla fundamental de la caridad", incluso "ante la miseria y la opresión". Y cuando el Papa partió al término de esas siete horas en el lugar, el sol volvió a asomar entre las nubes, como un presagio.

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