"Basta de idolatría del yo y del dinero! ¡Basta de demostraciones de fuerza! ¡Basta de guerra!", exhortó el Papa León XIV en su meditación durante el Rosario por la Paz, celebrado en la Basílica de San Pedro el sábado 11 de abril de 2026, víspera de la Fiesta de la Divina Misericordia. En el contexto de las delicadas negociaciones entre Estados Unidos e Irán tras más de 40 días de guerra que han sembrado el caos en Oriente Medio, el pontífice hizo un llamado al diálogo y a la renuncia a cualquier fantasía de omnipotencia.
"Queremos decirle al mundo que es posible construir la paz, una paz nueva; que es posible vivir juntos, con todos los pueblos, de todas las religiones, de todas las razas; y que queremos ser discípulos de Jesucristo, unidos como hermanos en un mundo de paz", declaró el Papa pocos minutos antes del inicio de la liturgia. Pronunció un breve discurso improvisado en las escaleras de la basílica, ante los fieles congregados en la Plaza de San Pedro.
La celebración estuvo marcada por la meditación sobre los gloriosos misterios del Rosario y por lecturas de la Biblia y de los escritos de los Padres de la Iglesia: San Cipriano de Cartago, San Cesáreo de Arlés, San Juan Crisóstomo, San Ambrosio de Milán y San Agustín de Hipona. Durante las oraciones, fieles de los cinco continentes se turnaron para encender una lámpara colocada al pie de la estatua de María Regina Pacis (Madre de la Paz), utilizando la lámpara de la paz traída de Asís.
"La guerra divide, la esperanza une. La tiranía pisotea, el amor eleva. La idolatría ciega, el Dios vivo ilumina", enfatizó el Papa en una profunda meditación inspirada en el tiempo pascual. "¡Somos un pueblo que ya se levanta de nuevo!", declaró el Obispo de Roma.
Subrayó que la oración "no es un refugio para eludir nuestras responsabilidades" ni "un anestésico para evitar el dolor que tanta injusticia desata", sino más bien "la respuesta más libre, universal y profundamente conmovedora ante la muerte".
"Nada puede aprisionarnos en un destino ya escrito, ni siquiera en este mundo donde las tumbas parecen no bastar, porque seguimos crucificando, aniquilando la vida, sin derecho y sin piedad", insistió el Papa al final de esta semana de la Octava de Pascua.
En el Reino de Dios, " no hay ni espada ni dron "
Inspirándose en la doble herencia del famoso llamamiento de Pablo VI, "¡Nunca más la guerra!", pronunciado en las Naciones Unidas en 1965, y en el compromiso de Juan Pablo II contra las guerras de Irak en 1991 y 2003, León XIV instó a romper "la cadena demoníaca del mal". Exhortó a todos a ponerse "al servicio del Reino de Dios: un Reino donde no hay espada, ni zumbido, ni venganza, ni trivialización del mal, ni beneficio injusto, sino solo dignidad, comprensión y perdón".
El líder de la Iglesia Católica se pronunció "contra esta ilusión de omnipotencia que, a nuestro alrededor, se vuelve cada vez más impredecible y agresiva". "El equilibrio dentro de la familia humana está gravemente desestabilizado", lamentó, señalando que "incluso el santo Nombre de Dios, el Dios de la vida, está siendo arrastrado a discursos de muerte"en los que, "como en una pesadilla, la realidad está poblada de enemigos".
Aludiendo aparentemente a los discursos de los líderes estadounidenses, pero sin mencionar a ningún país en particular, el Papa enfatizó que "la verdadera fuerza se manifiesta al servicio de la vida". Al igual que Juan XXIII, se hizo eco de las palabras pronunciadas por Pío XII al comienzo de la Segunda Guerra Mundial: "Con la paz, nada se pierde; pero con la guerra, todo se puede perder".
"Unamos, pues, las energías morales y espirituales de millones, incluso miles de millones de hombres y mujeres, de ancianos y jóvenes, que hoy creen en la paz, que eligen la paz, que curan las heridas y reparan el daño causado por la locura de la guerra", exhortó el Papa, invitando en particular a escuchar "la voz de los niños".
La urgencia del diálogo
"¡Alto! ¡Es tiempo de paz! ¡Siéntense a la mesa del diálogo y la mediación, no a la mesa donde se planea el rearme y se deliberan actos de muerte!", instó el Papa, en medio de una intensa actividad diplomática. Hoy se iniciaron en Pakistán negociaciones sin precedentes entre el vicepresidente estadounidense JD Vance y varios altos funcionarios iraníes, tras más de 40 días de guerra que ha asolado Oriente Medio. También se espera que la próxima semana comiencen en Washington negociaciones directas entre Israel y Líbano, tras los masivos bombardeos israelíes que causaron la muerte de más de 300 personas en Beirut el 8 de abril.
"La oración nos compromete a transformar lo que queda de violencia en nuestros corazones y mentes", insistió también el Papa, dirigiéndose a "la inmensa multitud" de ciudadanos del mundo invitados a promover actitudes de paz en su vida cotidiana y a "volver a creer en el amor, la moderación y la buena política".
"La Iglesia es un gran pueblo al servicio de la reconciliación y la paz, que avanza sin vacilar, incluso cuando su rechazo a la lógica de la guerra pueda granjearle incomprensión y desprecio", explicó el Papa, haciéndose eco, al parecer, de las recientes tensiones entre la Santa Sede y la administración Trump. La Iglesia Católica "proclama el Evangelio de la paz y nos enseña a obedecer a Dios antes que a los hombres, especialmente cuando se trata de la infinita dignidad de los demás seres humanos, amenazada por las constantes violaciones del derecho internacional", afirmó León XIV.
"Debemos tener cuidado de no dejarnos llevar por la aceleración de un mundo que no sabe lo que persigue, para volver al servicio del ritmo de la vida, la armonía de la creación y para sanar sus heridas", insistió el Papa, destacando la importancia de la oración mariana como un acto de confianza paciente en la misericordia de Dios.
"Nunca más la guerra, una aventura sin retorno; nunca más la guerra, una espiral de luto y violencia", insistió, haciéndose eco de las palabras de Juan Pablo II durante la Guerra del Golfo en 1991. "Hermanos y hermanas de todas las lenguas, de todos los pueblos y de todas las naciones: formamos una sola familia que llora, que espera y que se levanta de nuevo", aseguró León XIV.
La oración recitada por el Papa
Aquí está el texto completo de la oración recitada por el Papa al final de su discurso:
“Señor Jesús, tú venciste a la muerte sin armas ni violencia: aniquilaste su poder con el poder de la paz.
Danos tu paz, como se la diste a las mujeres indecisas en la mañana de Pascua, como se la diste a los discípulos escondidos y asustados.
Envía tu Espíritu, el aliento que da vida, que reconcilia, que convierte a adversarios y enemigos en hermanos y hermanas.
Inspíranos la confianza de María, tu madre, que, con el corazón destrozado, estuvo al pie de tu cruz, firme en la fe de que resucitarías.
Que la locura de la guerra termine y que la Tierra sea cuidada y cultivada por aquellos que aún saben cómo crear, cómo preservar, cómo amar la vida.
¡Escúchanos, Señor de la vida!














