El papa León XIV ha reconocido recientemente las virtudes heroicas de la hermana Bárbara Stanisława Samulowska, una mujer polaca que fue una vidente de las dos reconocidas de Nuestra Señora, la Virgen María en Gietrzwald, Polonia.
Esto supone un paso importante en su causa de beatificación y canonización, aunque aún es necesario verificar un milagro por su intercesión antes de que pueda ser llamada "beata".
Las apariciones marianas de Gietrzwald son las únicas aprobadas canónicamente en Polonia y se han convertido en un importante lugar de peregrinación.
En 1977, el cardenal Karol Wojtyla (futuro San Juan Pablo II) presidió la misa en la que se aprobaron las apariciones.
¿Quién era la hermana Bárbara?
Barbara Stanisława Samulowska nació el 21 de enero de 1865 en la aldea agrícola de Woryty, cerca de Gietrzwald. Creció en una familia campesina típicamente polaca y, desde niña, sentía una profunda devoción por Nuestra Señora.
Barbara vivió en una época difícil de la historia de Polonia, cuando el país estaba ocupado por el Imperio prusiano y la cultura polaca estaba siendo erradicada por un "kulturkampf".
Nuestra Señora se le apareció en ese momento, cuando Barbara tenía 12 años, y transmitió un mensaje tranquilizador al pueblo polaco. Los niños le preguntaron a Nuestra Señora: "¿Será liberada la Iglesia en el Reino de Polonia?"
Nuestra Señora respondió: "Sí, si la gente reza con fervor, entonces la Iglesia no será oprimida, ¡y las parroquias abandonadas recibirán a los sacerdotes!".
Rezar el santo Rosario
Una de las principales peticiones de Nuestra Señora fue "rezar el rosario", una petición que Bárbara se tomó muy en serio y a la que fue fiel durante el resto de su vida.
Tras las apariciones, ingresó en la Compañía de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl. Debido al gobierno prusiano, tuvo que ser trasladada a París y luego partió como misionera a Guatemala, donde pasó la mayor parte de su vida.
La página web oficial de la Familia Vicentina describe su labor en Guatemala:
"Durante los 54 años que pasó allí, se dedicó incansablemente a diversos ministerios, entre ellos la educación, la enfermería y la formación religiosa. Fue una maestra inspiradora y una guía espiritual para las jóvenes aspirantes a la Compañía de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl. Su papel como directora del noviciado le permitió compartir su profunda fe y dedicación con las futuras generaciones de hermanas".
También colaboró en la reconstrucción tras el devastador terremoto de 1917-1918.
Tras una larga vida de servicio, falleció el 6 de diciembre de 1950, y su ejemplo de santidad ha sido una inspiración para todos.










