En este Viernes Santo, día que conmemora la condena, agonía y muerte de Jesús para los cristianos, León XIV presidió la celebración de la Pasión en la Basílica de San Pedro en Roma el 3 de abril de 2026. Esta fue la primera Semana Santa para el pontífice peruano-estadounidense, quien realizó los ritos de postración y veneración de la cruz. Sin embargo, no pronunció la homilía, como es costumbre que haga cada año el Predicador de la Casa Pontificia, actualmente el padre Roberto Pasolini.
La liturgia comenzó con gran sencillez, con el Papa recorriendo el pasillo central en silencio de la basílica. La celebración de la Pasión del Señor se desarrolló con austeridad: no hubo himnos de entrada ni de salida. Excepcionalmente, el Papa y los obispos no llevaron sus anillos.
Al llegar al altar mayor, León XIV realizó el rito de la postración, durante el cual el celebrante se postra en el suelo en adoración. Detrás del pontífice, los aproximadamente cuarenta cardenales y miles de fieles se arrodillaron en oración.
La solemne liturgia continuó con la lectura del relato de los últimos días de Jesús, según el Evangelio de Juan, cantado en latín. A continuación, el predicador de la Casa Pontificia, el fraile capuchino italiano Roberto Pasolini, pronunció una homilía. Lamentó un mundo donde "las guerras no cesan, las injusticias se multiplican" y donde "incluso el nombre de Dios se invoca para justificar guerras y decisiones de muerte".
En este sombrío contexto de los acontecimientos actuales, rindió homenaje a la multitud de personas que realizan buenas acciones, a esos hombres y mujeres corrientes que no buscan protagonismo ni llamar la atención, sino que intentan hacer algo con sus vidas que beneficie no solo a ellos mismos, sino también a los demás. "Gracias a ellos, el mal no tiene la última palabra", afirmó.
La celebración continuó con la tradicional letanía de intenciones de oración del Viernes Santo: por la Iglesia, el Papa, los fieles, los catecúmenos, la unidad cristiana, los judíos, los creyentes de otras religiones, los ateos, los gobiernos y los que sufren. Desde hace varios años, el Vaticano ha añadido una undécima intención por las víctimas de la guerra.
León XIV se quitó entonces las vestiduras litúrgicas púrpuras, conservando únicamente un alba blanca y una estola, y se descalzó. Caminando con calcetines blancos sobre una tira de tela roja desplegada hasta el altar, se arrodilló ante un crucifijo, al que besó, para el rito de la "veneración de la cruz", que posteriormente imitaron los cardenales y obispos presentes.
Por la noche, a las 21:15, el Papa León XIV tiene previsto dirigirse al Coliseo, en el corazón histórico de Roma, para participar en el Vía Crucis. Llevará la cruz durante las 14 estaciones. Este gesto ya lo realizaron sus predecesores, aunque hay que remontarse a Juan Pablo II en la década de 1980 para encontrar un papa que llevara el crucifijo durante todo el recorrido.



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