"Ante una humanidad postrada, ante innumerables ejemplos de brutalidad, arrodillémonos también nosotros como hermanos y hermanas de los oprimidos", declaró León XIV el Jueves Santo, 2 de abril de 2026, al reanudar la celebración de la Misa de la Última Cena en la Basílica de San Juan de Letrán, que había sido abandonada por Francisco. Durante la Misa, el papa estadounidense lavó los pies de doce sacerdotes, afirmando que "dejarse servir por el Señor es […] una condición para servir como Él lo hizo".
La Misa del Jueves Santo, que conmemora la Última Cena, la última comida de Cristo antes de su Pasión, es la primera etapa del Triduo Pascual, el corazón del año litúrgico para los cristianos, que culmina en la Pascua. Al celebrar esta Misa en el Letrán, la catedral del obispo de Roma, que estaba abarrotada para la ocasión, León XIV revivió una costumbre de sus predecesores de la que Francisco se había apartado.
Durante su pontificado, el papa argentino tuvo la costumbre de visitar lugares marcados por el sufrimiento —cárceles, centros para discapacitados…—, fiel a una práctica que había adoptado cuando era arzobispo de Buenos Aires.
Durante la Misa del Jueves Santo, el sacerdote realiza el rito del lavatorio de pies, en recuerdo del gesto de Jesús de lavar los pies de los doce apóstoles en la víspera de su Pasión, antes de la Última Cena. Este jueves, en la Basílica de Letrán, León XIV optó por lavar los pies de doce sacerdotes de su diócesis. Había ordenado a once de ellos el 31 de mayo de 2025, y el duodécimo, el padre Renzo Chiesa, es el director espiritual de los futuros sacerdotes en el Pontificio Seminario Romano.
Un Dios que sirve
En su homilía, el Papa ofreció una extensa meditación sobre la importancia de este ritual, practicado por los papas desde el siglo XII. "Lo que el Señor nos muestra al tomar el agua, la palangana y el delantal es mucho más que un modelo moral", afirmó.
León XIV explicó que, al "asumir la condición de siervo", Jesús "revela la gloria del Padre, subvirtiendo los criterios mundanos que manchan nuestra conciencia". En efecto, "siempre nos vemos tentados a buscar un Dios que nos sirva, que nos haga triunfar, que sea útil como el dinero y el poder", afirmó.
"Dios verdaderamente nos sirve", afirmó el jefe de la Iglesia Católica, "pero a través del acto humilde y gratuito de lavar los pies". Mediante este gesto, Jesús —que es hombre y Dios según la teología católica— "purifica no solo nuestra imagen de Dios de las idolatrías y blasfemias que la han mancillado", sino también "nuestra imagen de la humanidad, que se cree poderosa cuando domina, que busca conquistar matando a sus iguales, que se cree grande cuando es temida".
Servir no es "un imperativo abstracto"
En el Evangelio, tras lavar los pies de sus discípulos, Jesús les ordena que hagan lo mismo con sus prójimos. Este mandamiento, afirmó el Papa, no es un imperativo abstracto, pues puede imitarse simplemente por amor. "Dejarse servir por el Señor es, por tanto, una condición para servir como Él lo hizo", insistió.
Así, según León XIV, Cristo da "un ejemplo no de cómo se domina, sino de cómo se libera; de cómo se entrega la vida, no de cómo se destruye". El Papa concluyó con esta exhortación: "Ante una humanidad arrodillada, ante numerosos ejemplos de brutalidad, arrodillémonos también nosotros como hermanos y hermanas de los oprimidos".





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