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Arte para contemplar la muerte de Cristo

Helène Legrand
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Patricia Navas - publicado el 02/04/26
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Obras contemporáneas para vivir más el Viernes Santo 

El día de su muerte, Jesús pasó la madrugada en el huerto de Getsemaní, al pie del Monte de los Olivos en Jerusalén. 

Estaban con él Pedro, Santiago y Juan, los mismos discípulos que le habían visto resplandecer en el Monte Tabor.

Jesús dijo: “Mi alma está triste hasta el punto de morir; quedaos aquí y velad conmigo”. Y ellos se durmieron. 

Así lo escenifica la serie “The Chosen”, vista, en 125 idiomas, por más de 280 millones de espectadores:

Al beso traidor de Judas siguió el arresto de Jesús, que quedó a disposición de los poderosos. Lo expresa la inquietante música de “La pasión según san Juan” del compositor Arvo Pärt:

Las leyes humanas llevaron al maltrato y a la burla de Jesús. “Los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y le vistieron un manto púrpura”, relata san Juan. La pintora Helène Legrand imagina así la mansedumbre de Cristo en su despojamiento:

cristo

“La gente gritó: ¡Crucifícalo!”, describe el Evangelio según san Marcos. El gobernador romano cedió y Jesús cargó con su cruz hasta el lugar donde murió, el monte Calvario -Gólgota-, que da nombre a este poema del escritor chileno Miguel Arteche:

Cristo, cerviz de noche: tu cabeza
al viernes otra vez, de nuevo al muerto
que volverás a ser, cordero abierto,
donde la eternidad del clavo empieza.

Ojos que al estertor de la tristeza
se van, ya se nos van. ¿Hasta qué puerto?
Toda la sed del mundo te ha cubierto,
y de abandono toda tu pobreza.

No sé cómo llamarte ni qué nombre
te voy a dar, si somos sólo un hombre
los dos en este viernes de tu nada.

Y siento en mi costado todo el frío,
y en tu abandono, a solas, hijo mío,
toda mi carne en ti crucificada.

Aquel viernes al mediodía, “desde la hora sexta hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora nona”, relata el Evangelio de Mateo. 

“El velo del Santuario se rasgó en dos, de arriba abajo; tembló la tierra y las rocas se hendieron -prosigue-. Se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos difuntos resucitaron”.

140 de estos santos ha representado junto al cuerpo sin vida de Cristo el escultor Timothy Schmalz en su obra recientemente instalada frente al Observatorio vaticano en Castel Gandolfo.

“Y, saliendo de los sepulcros después de la resurrección de él -añade Mateo-, entraron en la Ciudad Santa y se aparecieron a muchos”.

La cruz en la que la Luz del mundo se apagó se convierte así en la vía a la resurrección, que lo iluminará todo. Así trató de simbolizarlo el arquitecto japonés Tadao Ando en la Iglesia de la luz. 

iglesia de la luz Kasugaoka

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