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¿Por qué Jesús se dejó arrojar a la cuneta?

Communion wafers
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Philip Kosloski - publicado el 01/04/26
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A veces, los ladrones no se interesan por las hostias, sino por el tabernáculo de oro, y después de profanar la Eucaristía, arrojan a Jesús a la cuneta

De vez en cuando se dan a conocer casos de ladrones que roban un sagrario o un copón de oro que contiene hostias consagradas, es decir, Jesús Eucaristía. El objetivo de los delincuentes no es utilizar las hostias, por ejemplo, en una misa negra satánica, sino vender el oro para obtener dinero. En tales casos, los ladrones simplemente arrojan las hostias, dejándolas caer en cualquier lugar.

Uno de los robos más famosos en este sentido dio lugar al milagro eucarístico de Siena. El milagro ocurrió el 14 de agosto de 1730 y, según los informes, unos ladrones se infiltraron en la basílica y robaron el sagrario, que contenía 351 hostias consagradas. Tres días después, las 351 hostias aparecieron en la alcancía del santuario de Santa María de Provenzano, la iglesia de donde habían sido sustraídas.

Del Catecismo

1377 La presencia eucarística de Cristo comienza en el momento de la consagración y perdura mientras subsistan las especies eucarísticas. Cristo está presente de manera total y completa en cada una de las especies y de manera total y completa en cada una de sus partes, de tal forma que el partir el pan no divide a Cristo.

1378 Adoración de la Eucaristía. En la liturgia de la Misa expresamos nuestra fe en la presencia real de Cristo bajo las especies del pan y del vino, entre otras formas, genuflexándonos o inclinándonos profundamente en señal de adoración al Señor. "La Iglesia católica ha ofrecido siempre y sigue ofreciendo al sacramento de la Eucaristía el culto de adoración, no solo durante la Misa, sino también fuera de ella, reservando las hostias consagradas con el mayor cuidado, exponiéndolas a la veneración solemne de los fieles y llevándolas en procesión".

Estos actos de profanación son espantosos, y es posible que sintamos ganas de arremeter con ira contra quienquiera que haya cometido tal crimen.

Sin embargo, Dios, con su inmenso poder, no castiga a nadie. No lanza rayos para matar a quien lo arroja a la cuneta.

¿Por qué será?

Un recuerdo de la Pasión de Jesús

En primer lugar, el hecho de que Jesús se permita adoptar la forma del pan y el vino, en una situación de total vulnerabilidad, debería recordarnos el acontecimiento que lo inició todo. Jesús se dejó ejecutar voluntariamente por sus propias criaturas.

Se convirtió en una "cordero llevado al matadero", sin oponer resistencia, sino simplemente ofreciéndose a sí mismo como un sacrificio puro por nuestros pecados. Mientras Pedro desenvainaba su espada y quería abrirse paso a la fuerza para salir del conflicto, Jesús abrió los brazos e invitó a los guardias a que lo prendieran.

Cada vez que se profana una hostia, debería despertar en nuestra mente un pensamiento sobre la Pasión de Jesús y sobre cómo nuestros pecados contribuyeron al doloroso sufrimiento de Jesús. En nuestros días, puede que sea un ladrón quien arroje a Jesús a la cuneta, pero fuimos nosotros quienes clavamos a Jesús en la cruz. Las noticias de estos abusos son una invitación al arrepentimiento.

En segundo lugar, el acto de profanación también debería recordarnos la infinita misericordia de Dios. Christina Eberle escribió sobre un caso similar de profanación en un artículo en inglés para FOCUS. Se centró en la inmensa misericordia que Jesús tiene hacia nosotros:

"Uno de esos pecadores a los que Él llama soy yo. Cuando estoy en pecado mortal, el hedor de mi alma es tan repulsivo y ofensivo como la blasfema exposición de arte de Pamplona [donde se profanó la Eucaristía].

… Y, sin embargo, aunque estaría justificado en fulminarme, el Señor, en cambio, desciende hasta mi hedor para ofrecerme la oportunidad de purificarme. Me trata con una misericordia incomprensible".

Cada vez que nos enteramos de un acto de profanación, en lugar de limitarnos a enfadarnos con el ladrón, se nos invita a mirar hacia nuestro interior y a examinarnos a nosotros mismos. Nosotros crucificamos a Jesús y Él nos ofrece la oportunidad de reconciliarnos con Él. Tiene todo el derecho a castigarnos, pero, en cambio, nos tiende la mano con misericordia.

En la práctica, cuando se roba la Eucaristía, los responsables de la Iglesia local suelen hacer un llamamiento a los ladrones para que devuelvan el Santísimo Sacramento, aunque sea sin el oro ni las medallas preciosas. Al fin y al cabo, esos objetos se pueden reemplazar y no son nada en comparación con el Tesoro que contienen.

Asimismo, el obispo local suele celebrar misas de reparación, para dar a los fieles una oportunidad especial de expresar su amor y devoción a Jesús, ya que ha sido ofendido tan gravemente en su localidad. La iglesia física y los altares también pueden ser purificados ceremonialmente si ha habido alguna destrucción o profanación.

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