Bernat Vivancos acaba de publicar su disco Tenebrae, inspirado en su Requiem, cuyo primer movimiento roza el millón de reproducciones en Spotify, y ha colaborado con las populares cantantes Jennifer López y Rosalía. En la siguiente entrevista a Aleteia revela cómo la fe y la naturaleza inspiran su música.
Aleteia: ¿Qué le inspira a componer?
Me gusta la pregunta, por la palabra inspiración. A veces parece una palabra pasada de moda o demasiado florida. Pero es muy importante la inspiración. La valoro muchísimo.
Aunque al mismo tiempo que la vivo y la ejerzo, no la sabría definir porque la encuentro muy mágica.
Sería quizás un estado de ánimo, sentirse bien, en paz, en un lugar con paz que te provoca que estés más para la labor. Pero no es una luz que te viene.
La inspiración existe. Y lo que a mí me inspira es una mezcla entre fe y naturaleza, que en el fondo es lo mismo.
En contacto con la naturaleza y con mis principios, mi creencia -humilde creyente y pecador que soy- sí me inspira.
Y eso sea mi trabajo litúrgico o con mensaje cristiano, o no lo sea: puedo hacer un cuarteto de cuerda con un título sobre el mar, pero igualmente me inspira esta fe que al mismo tiempo es naturaleza.
¿Cómo le ha influido Montserrat?
Ha sido muy importante porque los años en los que formé parte de su escolanía (entre los 9 o 10 y los 13 o 14) son básicos para un músico.
Esta es la mejor escuela para un músico, sobre todo con el canto, diario, con un repertorio de mucha calidad. Es como mamar la leche materna, que es lo más nutritivo.
Mi paso por la escolanía de Montserrat fue un poco como Obélix que cayó en la termita: salió de allí con toda la fuerza.
Luego perfeccioné los estudios en Barcelona, París, Oslo,… pero el pósito, cantando, ha sido lo más importante. No sería igual tocar un instrumento, porque cantar es el instrumento interior, el más intimo.
Un niño de la escolanía, que canta dos veces al día en la basílica con una resonancia especial, ante centenares de personas cada día: es el mayor regalo.
¿Cómo es su proceso de componer música?
Mi proceso empieza en un momento, con la chispa. El inicio de todo tiene que ser en un sitio tranquilo donde pueda encontrar inspiración.
Generalmente lo hago en el pueblo de Rupit, a veces en Taüll, pero tengo que estar solo, sin móviles, sin mi mujer y mis niños (que los quiero mucho).
Entonces solo con la naturaleza, con tu oración, es donde nace la obra, la semilla de la obra.

En general cuando trabajo estoy una semana. En unos días prácticamente la obra ya está hecha, a lo grande.
La semilla, y casi la estructura, la tengo en la cabeza, con algunas notas. Es desde la calma. Escribo bastante rápido, con esbozos.
Luego, en mi caso, como tengo una vida no monacal, porque tengo familia, doy clases,… puedo continuar el trabajo pero ya es un poco más mecánico.
La composición son varias capas. La primera es la más importante. Ahí nace la obra. Luego es más técnico: edición, orquestación,… Eso puedo hacerlo con ruido, yendo al super,… En esta segunda parte también tocas con los pies en el suelo, la vida,…
Háblenos de sus obras, ¿destacaría alguna?
No podría decir una obra. Como llevo más de 30 años escribiendo música, cada momento es importante.
Cuando era adolescente estaba muy preocupado por saber cuál sería mi estilo compositivo, mi sello que me diferenciara.
En la creación contemporánea parece importante que la gente pueda identificar al autor al escuchar su obra. Que cada compositor tenga un discurso, una huella.
Con el tiempo me he dado cuenta de que esta preocupación es un poco absurda, porque al final los compositores hacemos lo que hemos vivido.
Yo no me he hecho la propuesta de hacer algo para que me reconozcan, sino que con mi vivencia digan: la música de Vivancos es espiritual, flota,
Pero no me lo he propuesto, al final sale. Y esto es muy bueno, más que forzar. Porque entonces la música tiene verdad. Porque hay vivencia.
Yo he estado en Montserrat, he dirigido la escolanía, he estado en París y en Oslo y al final si somos sinceros los compositores trasladamos a nuestra música lo que hemos vivido.
Humildemente estoy satisfecho y contento de que mi música tenga un sello que no se si es peor que otros, pero sí es vivencial, responde a mi pasado. Tenemos que ser sinceros.
¿Qué trata de transmitir?
A los compositores nos tiene que gustar lo que hacemos. Tenemos que hacer música que nos guste a nosotros, que nos deje satisfechos.
No me gusta la idea de un compositor frustrado que confía en que las generaciones futuras descubrirán su obra.
La verdad es que hago música de la que estoy satisfecho intentando que al menos algunas personas tengan este gozo con mi música.
No escribo para gustar a los otros. Primero busco que me guste a mí mismo. Quizás es feo decir esto, pero lo vivo así. Y si a otros puede gustarles, coincidimos. Pero también hay gente a la que pueda no gustarle.
¿Entonces busca el gozo en la belleza?
Sí, y vamos a lo espiritual. Algo que me satisfaga. Por ejemplo, la plataforma Ora et honora que he lanzado este año, con cantos litúrgicos.
Lo he hecho para mí. Para escucharlo y poder orar con estos salmos. Pero lo comparto y si alguien más puede disfrutarlos, fantástico.
Esto no quiere decir que no seamos estrictos, perfeccionistas con lo que hacemos. No todo vale, no todo me gusta.
Es como todo en la vida: no te casas con alguien que no te gusta, no comes algo que no te gusta,… es intentar ser sincero.
Y aquí entraríamos en qué quiere decir ser sincero. No es solo ser bonito. ¿Qué significa la belleza para mí a nivel espiritual, de crecimiento interior? El contacto con Dios.
A mí me ayuda, y si a alguien más, mejor.
¿Cómo valora la música sacra contemporánea?

Hace 5 o 6 años me invitaron en el Vaticano a ofrecer una charla en un congreso con debates y conferencias sobre la música sagrada.
Fue muy interesante y valiente por parte del Vaticano, tratar de llegar a un acuerdo, personas de distintas religiones y culturas con el cardenal Ravasi, sobre lo que es música sagrada, sacra, espiritual, litúrgica.
Hay personas que dicen que la música sagrada es música al servicio del culto. Otros dicen que no, que solo tiene que ser espiritual.
A mí, como creyente que intento ser, me gusta que mi música tenga el sello de espiritual pero no esté forzosamente cerrada en una religión que es la mía en concreto.
Yo soy un compositor con valores católicos pero algunas personas, incluso agnósticas, me escriben diciéndome que han tenido una experiencia espiritual escuchando mi música.
Esto me interesa. No renuncio al don que Dios me ha dado -este regalo de la fe-, pero no escribo solo para gente católica.
En la música espiritual contemporánea, tenemos que velar por la calidad. Porque no todo tiene la suficiente calidad de otras músicas que no están en el contexto litúrgico.
Y también por la novedad. Es importante que la música sea sincera pero también nueva.
A veces choca un poco la cosa: la Iglesia va a su ritmo y parece que algo más biensonante sea más apropiado que algo más experimental.
Tiene que ser nuevo y de calidad. Y no dejarnos solo llevar por una música más fácil. En Montserrat la música litúrgica era ya muy moderna. Y vengo de esta escuela.
Calidad y novedad son importantes. No nos podemos quedar con la música más tradicional. Es bonito que haya ideas y cosas nuevas.
¿Las hay?
Poco. La música sagrada también es verdad que tiene que estar al servicio del culto y de la persona.
A veces cierta música experimental es más fría. La música litúrgica tiene que llegar a las personas. Pero hay que encontrar el punto medio.
¿Qué compositores del siglo XXI destacaría?
Hay compositores que no hacen música litúrgica pero tienen un Te deum o una Misa.
De música sacra destacaría a Arvo Pärt. Porque haga lo que haga, su mensaje es muy sacro, muy sagrado, aunque sea solo instrumental. Es algo con un respeto a la espiritualidad, este minimalismo sacro. Somos afines y lo conozco.
Destacaría el Gloria de Albert Guinovart, y otros nombres como Antoni Oller, Josep Ollé, Andreu Diport, Luis Meseguer,… Creo que hay un renacimiento.
También hay compositores no creyentes que hacen textos litúrgicos. Entramos otra vez en temas de sinceridad y de vivencia.
No me atrevería a decir nombres. Tal vez Francis Poulenc, que tiene obras locas, de fiesta, de lujuria y también otras espirituales como las Letanías a la Virgen Negra y el Stabat Mater, que son profundamente espirituales y religiosas de un hombre más bien festero. La etiqueta es mala.
¿Por qué los intérpretes actúan en salas de conciertos mientras falta música de calidad en tantas celebraciones litúrgicas?
Dirigiendo la escolanía he tenido la experiencia de hacer un concierto con las mismas obras, los mismos niños y con una semana de diferencia en una sala de conciertos y en una iglesia.
Es muy curioso ver y experimentar que la misma música, niños, director, ensayos, en la iglesia es mágico y en una sala de concierto la cosa cae. El culto al sonido, la experiencia espiritual es tan diferente...
Para mí es importante en la música sagrada litúrgica. Si escuchas un misa en un auditorio, no se puede comparar.
Los responsorios de Semana Santa que hemos editado en CD, se interpretaron en una iglesia un Viernes Santo a las diez de la noche con velas en Perelada,… Fue impresionante. Lo mismo lo haces en un teatro el 3 de junio y no es lo mismo.
Puedes escuchar una misa en el coche, y razones comerciales y de posibilidad pueden llevar a potenciar conciertos en salas y auditorios, pero esa obra se ha pensado para un lugar y es importante respetarlo.
Mira aquí el estreno de la composición contemplativa de Bernat Vivancos basada en el “Libro del amigo y el amado” de Ramon Llull ante dos mil personas en la basílica de la Sagrada Familia el año 2023.











