El sábado 28 de marzo, el Papa celebró la Misa en Mónaco ante 15.000 personas en el Estadio Luis II. Al elevar el cáliz, "fruto de la vid y obra de la humanidad", el vino se convertirá en la sangre de Cristo. Pero antes de que se cumpliera este gran misterio, se tuvo que resolver un pequeño enigma: ¿con qué vino debe llenarse el cáliz? Régis y Aude-Reine Anouil respondieron con su vino de la bodega Domaine de la Bénisson-Dieu, en el departamento de Loira, Francia.
Esta pareja de viticultores, que viajó por el mundo descubriendo los vinos que se ofrecían en los altares de las iglesias antes de lanzar su propia producción, denuncia la mala reputación que suele asociarse a la expresión "vino de misa" y se ha propuesto cambiar los prejuicios: "No se trata solo de elaborar un producto bello, sino de presentar en la Mesa una obra de la que estemos orgullosos, que cumpla con los requisitos del derecho canónico", explica Régis Anouil.
El derecho canónico estipula, en su artículo 924, que "el vino [presentado en el altar] debe ser vino natural elaborado con uvas y no alterado". Esta cuestión del "vino natural" merece una exploración más profunda, según nuestro enólogo, quien señala que muchos vinos están fuertemente modificados. Él y su esposa han optado por trabajar bajo la etiqueta "Vin Méthode Nature" (Vino Método Natural). Para obtener esta etiqueta, el 100% de las uvas utilizadas provienen de agricultura comprometida, orgánica y certificada, y no se someten a ningún proceso correctivo de vinificación. No se clarifican, ni se filtran, ni se sulfitan. Para mantener este alto estándar, la pareja cultiva solo dos hectáreas de viñedos.
Un Grenache Blanc de 2024
"Le escribí a monseñor David, arzobispo de Mónaco, para defender la causa de nuestro vino, que en mi opinión es el que mejor cumple con el requisito del derecho canónico de una bebida natural y no corrompida", explica Régis Anouil, quien ve en la atención a los detalles de la misa una muestra de respeto hacia Dios. Los sacramentos tienen una materia, como recordaba Fabrice Hadjadj en una de sus conferencias de Cuaresma: "El pan, el vino, las luces del culto, exigen el cultivo de la tierra".
Por otra parte, parece coherente que la elección de este vino responda a las exigencias ecológicas y sociales promovidas por la Iglesia. En este sentido, recurrir a una pareja de artesanos que trabajan localmente y respetando la Creación se inscribe en una lógica de ejemplaridad.
En resumen, León XIV tuvo en sus manos un vino natural, conforme al derecho canónico y respetuoso de las exigencias ecológicas, tal como lo describió su predecesor en la encíclica Laudato Si' . Pero, ¿fue un buen vino? El propio Régis Anouil lo describe: "Es un Grenache Blanc de 2024. Un vino apreciado por su equilibrio, con un sabor inicial marcado por la frescura y una tensión palpable, seguido, en el paladar medio, por una redondez y riqueza amplias y generosas; el final, con su agradable amargor y matiz oxidativo, le confiere una hermosa persistencia".










