"¡Esta visita del Papa es un gran honor para nosotras, un motivo de orgullo!": Jeannine y Michele estarán el sábado en la plaza del Palacio Principesco para la primera aparición pública de León XIV. Con un grato recuerdo de su educación a cargo de religiosas en un internado en la década de 1950, las dos jubiladas, que viven muy cerca del palacio y lucen elegantes collares con una versión estilizada del Sagrado Corazón, destacan que "Mónaco sigue siendo un país muy católico, donde la fe forma realmente parte de nuestra identidad".
Anita, que se siente más alejada de la fe católica, seguirá la visita con gusto. "Realmente necesitamos al Papa, necesitamos sus palabras. Es un hombre bueno, mientras que hoy en día vemos tanta gente malvada en nuestro mundo", comenta mientras va a comprar fruta cerca de la catedral. La vendedora, Jorien, de origen holandés, señala que el tema de la visita del Papa está presente en todas las conversaciones.
"La mayoría de los monegascos son muy católicos y están muy contentos con esta visita, aunque algunos están un poco molestos por las restricciones de circulación y prefieren irse fuera por el día", reconoce.
Rechazando el fastidio de algunos de sus colegas comerciantes ante las restricciones logísticas relacionadas con la visita papal, Faouzia, una mujer de origen tunecino que vive desde hace 45 años en Mónaco, considera que es «genial, fabuloso» que venga el Papa. Esta vendedora de pescado, sensible a la problemática de Palestina, espera que León XIV "hable de la paz".
Un bullicio inusual
Alrededor del palacio reina un bullicio logístico inusual en estos espacios acostumbrados a una cierta calma apacible. Los jardineros se han movilizado en muy poco tiempo para instalar parterres de flores con los colores del Vaticano, y los carteles con la efigie del Papa han surgido con la misma rapidez.

“Todo esto es muy motivador y emocionante, ¡estamos a tope!”, se alegra Nina-Lou, empleada del servicio de vialidad. Reina un ambiente visiblemente alegre entre los diferentes gremios involucrados en los preparativos de esta visita, tanto entre los funcionarios de la Ciudad-Estado como entre los proveedores privados.
Las cifras dan vértigo: el Principado movilizará a 1.600 personas solo para garantizar la seguridad del evento, lo que supone prácticamente la totalidad de las fuerzas de seguridad monegascas, además de refuerzos procedentes de Francia: policías, bomberos y agentes privados. Las autoridades francesas, con la experiencia adquirida en las visitas del papa Francisco a Marsella y Ajaccio, prestan su apoyo a las autoridades monegascas, tanto para la prevención de cualquier acto terrorista —con especial atención a los riesgos relacionados con los drones— como para la organización del transporte en el territorio monegasco. La SNCF duplicará el número de trenes en el eje Cannes-Ventimiglia para garantizar la llegada de los fieles.
"Abrir los corazones a los problemas del mundo"
El hermano Régis, que llegó a Mónaco hace un año, es el decano del convento dominicano local. Este antiguo misionero pasó trece años en Haití, en un contexto de gran miseria y violencia que parece la antítesis perfecta de la opulencia monegasca.
“El Papa vendrá a expresar su agradecimiento por una Iglesia viva y vigorosa, pero también vendrá a abrir los corazones a los problemas del mundo y a la construcción de la paz. Conoce muy bien la situación en América Latina, en Perú, en Haití; es importante escucharlo hablar de estos temas también aquí”, confiesa este religioso de edad avanzada, sin aliento tras su subida hacia el Peñón.

El anciano misionero parece llevar en su cansancio y sus dolores el testimonio de dramas a veces lejanos y que sería fácil olvidar en esta ciudad-estado donde todo parece perfectamente engrasado, limpio, organizado, alejado de los dramas del mundo.
"El Papa no vendrá a halagarnos en nuestra identidad, sino a exhortarnos a una vida coherente", precisa por su parte el padre Christian Venard, capellán de los carabineros y los bomberos y delegado episcopal para la comunicación. El encuentro con los jóvenes y los catecúmenos en la iglesia de Santa Devota será especialmente importante en este sentido.
El padre Dominique Arz, párroco de esta parroquia desde hace unos meses, señala que jóvenes profesionales acuden a rezar cada mañana a esta iglesia dedicada a la santa patrona del Principado, una joven mártir asesinada en Córcega bajo el reinado del emperador Diocleciano, en el siglo IV.
Desde hace más de un milenio, el culto a Santa Devota ha marcado la identidad religiosa y cultural de Mónaco, explica el padre Arz.
"Santa Devota era una joven cuyo cuerpo fue arrastrado por las olas hasta aquí, lo que transmite una imagen de fragilidad, pero también fue fuerte, al dar testimonio de su fe hasta el martirio. Nos muestra que, aunque tengamos debilidades, podemos confiar en la gracia del Espíritu Santo y asumir nuestra fe. Es un modelo muy inspirador para los jóvenes", insiste el sacerdote.
Esta visita del Papa será, por lo tanto, una oportunidad para guiar a la población monegasca hacia el redescubrimiento de Cristo. En el marco de esta visita se ha lanzado una original iniciativa de evangelización: 450 voluntarios serán enviados en misión a las calles de Mónaco para distribuir, cada uno, 30 Evangelios de Lucas. "La idea es que cada Evangelio distribuido dé lugar a una explicación, a un intercambio, a un verdadero encuentro", explica Thibault de Lassus, diácono recientemente ordenado y responsable de la pastoral familiar en la diócesis de Mónaco. Lejos de cualquier idea de marketing religioso, esta iniciativa debe conducir hacia Jesús, siguiendo el camino indicado en el lema del viaje papal: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida".









