La figura de San Agustín podría parecer lejana: nacido el 13 de noviembre del 354 en Tagaste, África, podemos creer que nada tiene que ver con los hombres y mujeres del siglo XXI. Sin embargo, quien lee sus Confesiones se da cuenta de que se trató de un ser humano como nosotros.
Un hombre común
Su historia no es sencilla. Nacido en una familia noble, su padre fue un hombre de carácter difícil, sin embargo fue la educación y el ejemplo de su madre santa Mónica la que lograron su conversión.
Su Confesiones nos presentan a un hombre de carne y hueso, con virtudes y defectos que amó mucho a Dios, por eso, desnudó su alma escribiendo cuánto sentía haber conocido tarde a su Señor.
Unas cuantas frases nos pintan de cuerpo entero a este enorme Doctor de la Iglesia:











