A la luz de los recientes avances científicos, la Santa Sede afirma que no existe ningún obstáculo teológico para el xenotrasplante (o injerto de órganos), es decir, el injerto de un órgano de una especie en otra, siempre que se respeten estrictamente ciertos principios éticos. Las directrices científicas y éticas para esta técnica, que aún se encuentra en fase experimental, se presentaron en el documento "Perspectivas sobre el xenotrasplante", publicado por la Academia Pontificia para la Vida el 24 de marzo de 2026.
El documento de 90 páginas elaborado por la Academia Pontificia para la Vida, con la participación de 14 especialistas de cinco países, actualiza un documento anterior de la Academia publicado en 2001, por iniciativa del Papa Juan Pablo II, quien había apoyado esta técnica en una carta publicada en el año 2000. En aquel entonces, la Academia consideraba que el xenotrasplante era "moralmente legítimo" solo si el órgano trasplantado no modificaba "la identidad psicológica o genérica del receptor" y si la operación podía realizarse con la certeza biológica de un posible éxito y sin "riesgos excesivos".
Un cuarto de siglo después de este texto inicial, la Santa Sede mantiene su postura al incorporar el "progreso significativo" alcanzado por la medicina en el campo de los xenotrasplantes, así como los avances en bioética y teología, explicó Monseñor Renzo Pegoraro, Canciller de la Academia Pontificia para la Vida, durante la presentación del documento en el Vaticano este martes por la mañana. Tres miembros de la unidad de investigación en xenotrasplantes de la Universidad de Harvard —actualmente la más avanzada del mundo— contribuyeron personalmente a la redacción del texto, junto con varios médicos, veterinarios y especialistas en bioética, filosofía ética y teología de Austria, Italia y los Países Bajos.
La investigación sobre xenotrasplantes, iniciada en la década de 1970, aborda principalmente la grave escasez de órganos disponibles. El profesor Emanuele Cozzi, de la Universidad de Padua, afirmó durante la presentación que en 2024 se realizaron 170, 000 trasplantes en todo el mundo, lo que representa menos del 10 % de la demanda real. Asimismo, destacó que los tratamientos alternativos son muy costosos: la diálisis sin trasplante renal cuesta entre 40 000 y 50 000 euros al año.
"Muchos pacientes mueren mientras esperan un trasplante", afirmó su colega Monica Consolandi, médica e investigadora de la Fundación Bruno Kessler en Trento, Italia. El profesor Cozzi señala que ocho personas mueren cada día en la Unión Europea por falta de un trasplante, cifra que asciende a entre 13 y 17 en Estados Unidos, según informa el profesor estadounidense Daniel J. Hurst, especialista en ética de la Facultad de Medicina Osteopática Rowan-Virtua.
Una práctica todavía muy poco común
Hasta ahora, los xenoinjertos realizados con órganos de cerdo (principalmente riñones, pulmones, corazones e hígados) se habían probado principalmente en monos, pero desde 2022, el organismo regulador estadounidense (FDA) ha emitido autorizaciones temporales a ciertos médicos para pacientes con patologías que los tratamientos actuales no pueden curar.
Para que los órganos extraídos de cerdos tengan éxito, deben ser "preparados" mediante un proceso de "ingeniería genética" para que el cuerpo del receptor no los rechace. Esto también ayuda a prevenir la transmisión de enfermedades infecciosas entre especies, como ocurrió durante un reciente xenotrasplante de corazón de cerdo realizado en la Universidad de Maryland.
Si bien el progreso es significativo, el profesor Cozzi afirma que se espera que solo unos treinta pacientes al año reciban un xenoinjerto, y que los resultados actuales generalmente no les permiten vivir más de unos pocos meses después de la operación. Anima al público a seguir donando órganos, pues cree que es poco probable que los xenoinjertos sean viables hasta después de al menos cinco años de investigación exhaustiva.
Las recomendaciones del documento
"La teología católica no presenta ningún obstáculo religioso ni ritual para el uso de ningún animal como fuente de órganos, tejidos o células para trasplantes en humanos", afirma el documento de la Academia por la Vida, siempre y cuando se respeten las normas establecidas en 2001: el respeto a la identidad del paciente y una probabilidad razonable de éxito.
El documento también subraya la importancia de informar exhaustivamente a todos los pacientes sobre los riesgos que conlleva, implementar un seguimiento médico y psicológico del progreso del trasplante y garantizar el máximo respeto por el bienestar animal.
El texto también aboga por la regulación de estas prácticas mediante el derecho internacional, en particular en el marco de la OMS. Si bien el profesor Cozzi destacó los resultados positivos obtenidos por algunos investigadores a nivel mundial, consideró que sus colegas chinos eran menos proactivos en materia de comunicación que sus homólogos estadounidenses.










