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¿Armas para la paz? La urgencia del desarme según la Doctrina Social

People gather in front of a building targeted by an Israeli airstrike in the southern Lebanese coastal city of Tyre on March 11, 2026.

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Luis Carlos Frías - publicado el 23/03/26
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En medio de la atmósfera de guerra, que actualmente se extiende a nivel global, vemos, asombrados, los poderíos militares de los países en conflicto. Y se vuelve común ver imágenes de su capacidad letal y destructiva. ¿Esta proliferación de armas de destrucción masiva ayudará a contener la guerra o a acelerarla? 

La paz es una aspiración común, pero el método para lograrla es moralmente muy cuestionable. ¿Es a base de armas como se alcanzará la paz? El Papa Francisco señaló que, gracias a la enorme disponibilidad de armas, las guerras, lejos de parar, pueden proseguir, porque se "incentiva su uso e incrementa su producción"; por ello, declaró necesaria una política de desarme:

"Las armas crean desconfianza y desvían recursos. ¿Cuántas vidas se podrían salvar con los recursos que hoy se destinan a los armamentos? ¿No sería mejor invertir en favor de una verdadera seguridad global? Los desafíos de nuestro tiempo trascienden las fronteras, como demuestran las varias crisis que caracterizan el inicio del siglo: alimentaria, ambiental, económica y sanitaria. En esta sede, reitero la propuesta de constituir un Fondo mundial para eliminar de una vez por todas el hambre y promover un desarrollo sostenible para todo el planeta. Entre las amenazas causadas por tales instrumentos de muerte, no puedo dejar de mencionar la que provocan los arsenales nucleares y el desarrollo de artefactos cada vez más sofisticados y destructivos”.

Proceso del desarme

San Juan Pablo II propuso a los Estados miembros de la ONU un “desarme general, equilibrado y controlado” (14 octubre 1985). Cada palabra tiene su razón de ser:

General; es decir, de todos los países.

Equilibrado; esto es, simultáneo y progresivo.

Controlado; dicho de otro modo, sujeto al consenso internacional y limitado al necesario para la legítima defensa.

El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia (CDSI) abunda al respecto al señalar que el aumento de las armas representa "una amenaza grave para le estabilidad y la paz":

“El principio de suficiencia, en virtud del cual un Estado puede poseer únicamente los medios necesarios para su legítima defensa, debe ser aplicado tanto por los Estados que compran armas, como por aquellos que las producen y venden. Cualquier acumulación excesiva de armas, o su comercio generalizado, no pueden ser justificados moralmente”.

(n. 508).

Armas de destrucción masiva

La existencia de este tipo de armas es una grave falta a la moral social pues pone en riesgo la vida de muchas personas. No hay justificación lógica, legal, ni moral para su fabricación, comercio y menos aún, para su uso. Por ello, la Iglesia es enérgica al señalar que "quienes las poseen tienen una enorme responsabilidad delante de Dios y de la humanidad entera".

En la Doctrina Social se habla sobre la no-proliferación, el desarme y las pruebas nucleares:

“El principio de la no-proliferación de armas nucleares, junto con las medidas para el desarme nuclear, así como la prohibición de pruebas nucleares, constituyen objetivos estrechamente unidos entre sí, que deben alcanzarse en el menor tiempo posible por medio de controles eficaces a nivel internacional.

La prohibición de desarrollar, producir, acumular y emplear armas químicas y biológicas, así como las medidas que exigen su destrucción, completan el cuadro normativo internacional para proscribir estas armas nefastas, cuyo uso ha sido explícitamente reprobado por el Magisterio: 'Toda acción bélica que tiende indiscriminadamente a la destrucción de ciudades enteras o de extensas regiones junto con sus habitantes, es un crimen contra Dios y la humanidad que hay que condenar con firmeza y sin vacilaciones'"

(CDSI, n. 509, citando la Const. pastoral Gaudium et spes, n. 80).

Desarmar el corazón

Queda claro que, antes de este desarme militar, está el desarme del corazón, al que reiteradamente ha llamado el Papa León XIV. En su meditación en la Vigilia de oración y rosario por la paz, celebrada en la Plaza de San Pedro, el 11 octubre 2025, nos dio la clave para lograr la auténtica paz:

“ Como ya he mencionado en otras ocasiones, la paz es desarmada y desarmante. No es disuasión, sino fraternidad; no es ultimátum, sino diálogo. No llegará como fruto de victorias sobre el enemigo, sino como el resultado de sembrar justicia e intrépido perdón. Envaina la espada es la palabra dirigida a los poderosos del mundo, a quienes guían el destino de los pueblos: ¡tengan la audacia de desarmarse! Y al mismo tiempo es dirigida también a cada uno de nosotros, para hacernos cada vez más conscientes de que no podemos matar por ninguna idea, fe o política. Lo primero que hay que desarmar es el corazón, porque si no hay paz en nosotros, no daremos paz”

(Plaza de San Pedro, 11 octubre 2025).

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