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¿Sientes interés por ayudar a los pobres y a los que sufren?

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Philip Kosloski - publicado el 22/03/26
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Nuestra reacción natural puede ser retroceder, pero la actitud cristiana consiste en servir a los pobres y ayudar a los que sufren con alegría

Para muchos de nosotros, servir a los pobres y ayudar los que sufren no es algo que nos salga de forma natural. Puede que queramos ser cariñosos y caritativos, pero nuestras inclinaciones naturales traicionan nuestras intenciones.

Por ejemplo, puede que veamos a una persona pobre en la calle y, o bien intentemos apartarnos de ella, tratando de ignorar su presencia, o bien rebusquemos a regañadientes en nuestros bolsillos y echemos rápidamente algo de dinero en el cuenco de esa persona.

Otro ejemplo sería cuando un familiar o un amigo padece una enfermedad y, en lugar de visitarlo, lo evitamos activamente; o si lo visitamos, no le prestamos la atención que se merece. En tal situación, queremos evitar cualquier cosa que pueda resultar incómoda y solo lo visitamos porque nuestra conciencia nos dice que debemos hacerlo.

Sea cual sea el caso, el objetivo de la vida cristiana es ser misericordioso con los demás con un corazón alegre.

Al servicio de Cristo

San Gregorio de Nacianceno comenta este tema espiritual en un sermón que la Iglesia utiliza en el Oficio de las Lecturas:

"Comparte tu pan con los hambrientos y acoge en tu casa a los necesitados y a los sin techo, con un corazón alegre y dispuesto. Quien practica la misericordia debe hacerlo con alegría. La gracia de una buena obra se duplica cuando se realiza con prontitud y rapidez. Lo que se da de mala gana o en contra de la propia voluntad resulta desagradable y dista mucho de ser digno de alabanza".

Aunque es importante servir a los pobres y darles dinero, si lo hacemos con malas intenciones o con una disposición sombría, podríamos acabar causando más daño que bien.

Estar alegres al practicar la misericordia

Debemos esforzarnos, en la medida de lo posible, por estar alegres al realizar actos de misericordia, como continúa San Gregorio:

"Cuando realizamos un acto de bondad, debemos alegrarnos y no entristecernos por ello. Si desatas las ataduras y las correas, dice Isaías, es decir, si acabas con la mezquindad y el cálculo de los gastos, con las dudas y las quejas, ¿cuál será el resultado? ¡Algo grandioso y maravilloso! Qué recompensa tan maravillosa habrá: tu luz brotará como el alba, y tu sanación se manifestará rápidamente. ¿Quién no aspiraría a la luz y a la sanación?"

La Cuaresma es un buen momento para hacer un alto y reflexionar sobre cómo tratamos a los demás y si lo hacemos con alegría, o si nos estamos reprimiendo.

Debemos recordar que servimos a Cristo en los pobres y los que sufren, por lo que la forma en que nos acercamos a ellos es, en última instancia, la forma en que nos acercaríamos a Jesucristo.

Si viéramos a Jesús acercándose a nosotros, ¿no nos desbordaría la alegría? Así es exactamente como los santos veían a los pobres. Veían en ellos a Jesús.

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