Muchas personas viven atrapadas en un diálogo interno constante: errores del pasado, decisiones que pesan, palabras que no debieron decirse. La culpa aparece, pero no siempre conduce a la paz. ¿Cómo distinguir entre una culpa que sana y un autojuicio que destruye? La fe cristiana ofrece una respuesta concreta: el perdón y la confesión como caminos de libertad.
Entre la exigencia interior y la misericordia de Dios, aprender a perdonarse también es parte del camino espiritual









