“Con San José, el cristiano aprende lo que es ser de Dios y estar plenamente entre los hombres, santificando el mundo”, dijo san Josemaría en su homilía para la fiesta de san José en 1963.
A lo largo de su vida, el santo fundador del Opus Dei habló sobre su devoción a san José -que comenzó en su juventud- y lo mostró como ejemplo y padre para los miembros de la Obra y los católicos del mundo.
Según Lucas F. Mateo-Seco, dos características de la vida de san José atrajeron especialmente a san Josemaría: “Su vida de contemplación y su vida de trabajo”.
A continuación una brevísima oración que aparece en Froja.
Oración a san José:
"San José, Padre y Señor nuestro, castísimo, limpísimo, que has merecido llevar a Jesús Niño en tus brazos, y lavarle y abrazarle: enséñanos a tratar a nuestro Dios, a ser limpios, dignos de ser otros Cristos.
Y ayúdanos a hacer y a enseñar, como Cristo, los caminos divinos –ocultos y luminosos–, diciendo a los hombres que pueden, en la tierra, tener de continuo una eficacia espiritual extraordinaria".
(Forja 553)
Fe, trabajo y respeto

San Josemaría destacó solo algunos motivos para venerar a san José:
Mira cuántos motivos para venerar a San José y para aprender de su vida: fue un varón fuerte en la fe...; sacó adelante a su familia –a Jesús y a María–, con su trabajo esforzado...; guardó la pureza de la Virgen, que era su Esposa...; y respetó –¡amó!– la libertad de Dios, que hizo la elección, no sólo de la Virgen como Madre, sino también de él como Esposo de Santa María.
(Forja, 552)









