Mucho antes de convertirse en la gran santa del “caminito”, Teresa de Lisieux aprendió el valor de la caridad dentro de su propio hogar. Las cartas de su madre, Celia Martin, muestran cómo la familia educaba a sus hijas en pequeños gestos de generosidad y sacrificio que marcarían profundamente la espiritualidad de la futura santa.
Las cartas de su madre muestran cómo la pequeña Teresita creció en un hogar donde la fe, la generosidad y el amor al prójimo se enseñaban desde la vida cotidiana









