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Síndrome del éxito vacío: la paradoja del éxito

Samotny mężczyzna na huśtawce tęsknie patrzy na zachodzące słońce
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Claire de Campeau - publicado el 14/03/26
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Algunas personas sienten que el éxito ya no basta para sentirse plenamente seguro. Es lo que algunos denominan el "síndrome del éxito en la vida": cumplir todos los criterios del éxito social y, al mismo tiempo, encontrarse con un vacío interior o una insatisfacción difusa

El éxito en la vida no siempre impide sentir una vaga insatisfacción. Algunos incluso describen una especie de vacío, difícil de explicar, aunque no les falte nada. "He pasado diez años estudiando medicina, tengo una profesión que he elegido y que tiene sentido... y, sin embargo, a veces me pregunto por qué no me siento simplemente feliz", confiesa Anne, de 39 años, doctora general. Esto tiene que ver con el síndrome del éxito vacío.

Durante mucho tiempo, pensó que todo iría mejor una vez alcanzada la estabilidad profesional. Pero hoy, a pesar de tener una vida familiar equilibrada y una carrera sólida, reconoce que a veces siente un cansancio interior más profundo: la extraña sensación de haber llegado a donde quería... sin que eso le aportara la serenidad esperada.

Una paradoja contemporánea

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Esta paradoja contemporánea ha sido ampliamente estudiada por el sociólogo Alain Ehrenberg, director emérito de investigación del CNRS, que lleva varias décadas trabajando sobre las transformaciones del individuo moderno y la salud mental. En su obra L’Enfant qui inquiète (Odile Jacob), muestra hasta qué punto nuestras sociedades han desplazado el conflicto psíquico.

Mientras que las generaciones anteriores se debatían sobre todo con la cuestión de lo prohibido, lo que estaba permitido o no hacer, el individuo contemporáneo se enfrenta a otra presión: la de la capacidad. La cuestión central ya no es "¿qué se me permite hacer?", sino "¿de qué soy capaz?". En este contexto, la brecha entre lo que somos y lo que creemos que deberíamos ser puede convertirse en una fuente de fatiga. Ehrenberg resumió este cambio con la famosa expresión: "la fatiga de ser uno mismo".

Una sociedad que valora mucho la autonomía

Para muchos, esta presión sigue siendo invisible, pero real. Sophie, de 38 años, describe este sentimiento con cierta sorpresa. "Cuando era más joven, pensaba que una vez superadas ciertas etapas —un trabajo, una familia— por fin me sentiría tranquila. Pero, en realidad, siempre tengo la impresión de que hay que seguir demostrando algo, de que hay que demostrar tu valía". Describe una especie de exigencia interior permanente: progresar, estar a la altura, no decepcionar. En las sociedades que valoran mucho la autonomía, se invita a cada uno a construirse por sí mismo. El individuo ya no solo es libre de ser autónomo: se espera que lo sea.

En este contexto, la salud mental se convierte en un lugar donde se expresan las tensiones de nuestra época. Es a la vez una cuestión importante de salud pública y un lenguaje mediante el cual formulamos nuestras inquietudes contemporáneas. Los trastornos psíquicos no son solo realidades clínicas: también dicen algo sobre la relación entre el individuo y la sociedad.

En las sociedades individualistas, la exigencia ya no es solo tener un lugar, sino ser capaz de justificarlo y defenderlo constantemente. El sentimiento de vacío que experimentan algunas personas socialmente exitosas parece entonces menos una contradicción que la otra cara de un modelo centrado en el rendimiento individual. Devolverle su lugar a la vulnerabilidad, no como un fracaso sino como una dimensión normal de la existencia, podría ser uno de los retos de nuestro tiempo.

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