La dictadura de Daniel Ortega y su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo, prohibió la ordenación de sacerdotes y diáconos en cuatro diócesis nicaragüenses a principios de marzo, según ACI Prensa. Esta decisión agrava una crisis pastoral que persiste desde hace varios años en medio de una intensa presión sobre la Iglesia católica.
Las diócesis en cuestión son Jinotega, Siuna, Matagalpa y Estelí. Todas se encuentran actualmente sin obispo. El obispo Carlos Herrera de Jinotega, presidente de la conferencia episcopal, fue expulsado en noviembre de 2024 tras denunciar las acciones de un alcalde cercano al régimen que interrumpió una misa. Unos meses antes, había ordenado a un sacerdote y siete diáconos en la vecina diócesis de Matagalpa.
Esta ordenación había sido calificada como un "oasis litúrgico" por la investigadora Martha Patricia Molina, abogada nicaragüense y autora del informe Nicaragua: una iglesia perseguida. Se produjo seis meses después de la expulsión a Roma de Rolando Álvarez, obispo de Matagalpa y Administrador Apostólico de Estelí, y del obispo Isidoro Mora de Siuna.
Según varios sacerdotes nicaragüenses actualmente en el exilio, el gobierno vigila de cerca al clero y bloquea las ordenaciones en las diócesis cuyos obispos han sido expulsados. En estos territorios, se informa que la policía impide que otro obispo celebre una ordenación. Las consecuencias son desastrosas para el catolicismo. En la diócesis de Matagalpa, casi el 70% de los sacerdotes se han visto obligados a exiliarse. En las diócesis de Estelí y Jinotega, la capacidad pastoral se ha reducido aproximadamente a la mitad, dejando a algunas comunidades sin celebraciones regulares de la Eucaristía.
La deriva totalitaria de Ortega
La situación también afecta a los seminarios: varios jóvenes que han completado sus estudios de filosofía y teología aún esperan la ordenación por falta de autorización. A pesar de estos obstáculos, siguen surgiendo vocaciones. Algunos candidatos incluso han sido ordenados en el extranjero, especialmente en Costa Rica, en ceremonias discretas para evitar posibles represalias.
Según sacerdotes nicaragüenses entrevistados, la persecución no ha paralizado a la Iglesia. "La Iglesia en Nicaragua está crucificada, pero no inmovilizada", declaró uno de ellos a Aci Prensa. Explicó que, a pesar de las restricciones y el exilio de muchos sacerdotes, la vida pastoral continúa y siguen surgiendo nuevos llamados al sacerdocio en el país.
En un país predominantemente cristiano, "la Iglesia es una espina en el costado de Daniel Ortega", declaró a Aleteia la abogada exiliada Martha Patricia Molina en enero de 2024. El presidente Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo, ambos del movimiento sandinista, han intensificado su autoritarismo desde 2018, eliminando progresivamente toda libertad de culto.
En enero de 2025, un informe del Centro Europeo para el Derecho y la Justicia denunció esta represión, advirtiendo sobre una estrategia gubernamental destinada a "erradicar la influencia espiritual de las iglesias cristianas en favor de una ideología política que promueve el culto al régimen sandinista".










