La diversidad de naciones, lenguas y culturas dentro de la Iglesia Católica es "un gran signo de esperanza, especialmente en nuestro tiempo marcado por tantos conflictos y guerras", afirmó el Papa León XIV durante la audiencia general del 11 de marzo de 2025. "El único título honorífico que debemos buscar como cristianos", afirmó, "es el de 'hijos de Dios'".
Continuando su serie de enseñanzas sobre el legado del Concilio Vaticano II, el Papa prosiguió su reflexión sobre el tema de la Constitución Dogmática Lumen Gentium (1964), que se refiere a la Iglesia como el "cuerpo místico de Jesucristo". Se centró en el segundo capítulo, dedicado al "Pueblo de Dios", que no es "un pueblo como cualquier otro", sino la humanidad entera reunida por Dios en todo el mundo y que comparte la "fe en Cristo".
Para este "pueblo mesiánico", descendiente de los "hijos de Abraham", lo importante es "estar injertados en Cristo", afirmó León XIV, quien pudo compartir la comunión con los miles de peregrinos presentes ante la audiencia recorriendo la Plaza de San Pedro en el papamóvil. Pues es "Cristo quien, mediante el don de su Cuerpo y su Sangre, reúne definitivamente a este pueblo en sí mismo", les aseguró.
“El único título honorífico que debemos buscar como cristianos”, insistió el Papa, “es el de ‘hijos de Dios’”. Por lo tanto, “la ley que rige las relaciones en la Iglesia es el amor, tal como lo recibimos y experimentamos en Jesús”, continuó el Papa. Y la meta de la Iglesia “es el Reino de Dios, hacia el cual camina con toda la humanidad”.
Citando la constitución dogmática, el pontífice recordó que el Pueblo de Dios "está destinado a expandirse a las dimensiones del universo entero" e incluso a guiar "de cierta manera" a quienes no tienen fe. Por lo tanto, "la Iglesia nunca puede encerrarse en sí misma, sino que está abierta a todos y para todos", insistió.
"Esto significa que en la Iglesia hay y debe haber un lugar para todos, y que todo cristiano está llamado a anunciar el Evangelio y a dar testimonio en todos los entornos donde vive y trabaja", afirmó León XIV.
Y el hecho de que, en la Iglesia, hombres y mujeres de diferentes nacionalidades, culturas e idiomas "coexistan hoy por la fuerza de la fe" es "un gran signo de esperanza, especialmente en nuestro tiempo marcado por tantos conflictos y guerras", insistió.










