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El silencioso papel de la mujer en la vida de los mártires

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Mónica Muñoz - publicado el 06/03/26
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La mujer es parte fundamental en la vida de las familias y en la de los mártires; y a veces, por ser muy silencioso, no es suficientemente reconocido

Existen muchas historias desconocidas sobre hombres y mujeres que han entregado su vida por Cristo, algunos de manera pacífica, como aquellos que se desgastaron en el servicio a sus hermanos, y otros más, de forma violenta, a quienes se les arrebató la existencia por odio a la fe cristiana y a la Iglesia. Estos mártires tuvieron el sustento de Dios para llegar al sacrificio, pero, sin duda, el acompañamiento silencioso de la mujer los ayudó a mantenerse firmes en el último momento.

Las mujeres y los mártires

Desde el antiguo testamento tenemos mujeres ejemplares que sostuvieron con su palabra y ejemplo a sus hijos, esposos o hermanos. Por citar algunas, la madre de los Macabeos alentaba a sus siete hijos a no desfallecer ante los tormentos para permanecer fieles a Dios (2 Mc, 7). Y, por supuesto, a María Santísima, que no se despegó ni un momento de Jesús en su Pasión dolorosa (Jn 19, 25).

Es claro que la valentía de los hombres se vio probada mientras los emisarios del demonio buscaban la manera de que renegaran de su fe, por eso, cuando hubo mujeres cerca su fortaleza incrementó.

Mujeres ejemplares

En la historia reciente del siglo XX México sufrió un capítulo dramático con la Guerra Cristera, que este año llegará al primer centenario. Fueron miles los católicos que derramaron su sangre en distintas circunstancias a lo largo y ancho del territorio mexicano, entre ellos muchos sacerdotes.

Bastan dos ejemplos para hacer constar que las mujeres han tenido una relevante actuación en la vida de los mártires y su decisión de entregar sus vidas por la causa de Cristo.

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Ester y Pachita vivieron en san Pablo -en el municipio de Cortazar, estado de Guanajuato, México- y tienen que ver en el martirio del beato Elías del Socorro Nieves y de los Siervos de Dios Jesús y José Dolores Sierra Vera.

La narración del martirio de los tres hombres detalla que cuando el padre Nieves fue apresado, ambos hermanos decidieron acompañarlo por razones muy simples: era sacerdote y era su amigo. Pesaba mucho en ellos el respeto y la devoción que la gente del pueblo sentía por los hombres de Dios, así que no podían dejarlo solo.

Martirio callado

Ambos eran padres de familia. José Dolores, casado con Teresa, tenía cuatro hijos, pero Jesús tenía diez hijos con Pachita, por eso, antes de salir dio a su esposa un saquito con dinero para que sufragaran por un tiempo sus gastos, pues presentía que no volvería. Esta heroína, calladamente aceptó su destino: viuda y madre de numerosa prole.

Sucedió que al llevarse atados de manos a los tres varones, Ester - que era cuñada de los Sierra -, a riesgo de perder la vida, se enfrentó valientemente con los militares para que soltaran las benditas manos consagradas del padre Nieves. Gracias a sus ruegos, pudo el beato caminar hacia el martirio sin sus ataduras.

Y Pachita siguió de lejos a su esposo, como María Santísima que no se separó de Jesús durante su trayecto al Calvario. Pero no pudo acercarse para ofrecerle consuelo porque tenía hijos pequeños con ella. Es seguro que su corazón se le partía por no poder estar al lado de su amado cónyuge.

El callado martirio de estas mujeres piadosas que amaban a Cristo y a su Iglesia dejan testimonio de que su sacrificio fue tan real como el de los hombres que derramaron su sangre como el Mártir que nos rescató de la muerte eterna.

Que Dios, en su providencia divina, siga dando al mundo hombres y mujeres valerosos que deseen compartir sin temor su destino martirial y vivir eternamente con Él en el gozo del cielo.

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