¿Cuál es el pensamiento de los teólogos de la Iglesia Católica en la era de la revolución digital? El 4 de marzo de 2026, la Comisión Teológica Internacional publicó, con la aprobación de León XIV, un documento de cincuenta páginas titulado «Quo vadis, humanitas?» —«¿Adónde vas, humanidad?»—, advirtiendo contra la ilusión de un progreso liberado de los límites de la realidad y la naturaleza. Este órgano consultivo de la Santa Sede se opone, en particular, al transhumanismo y al posthumanismo, que sustituyen a Dios en la promesa de inmortalidad y divinización, proponiendo la salvación por medio de Cristo como la respuesta definitiva.
El documento Quo vadis, humanitas?, aprobado por el cardenal Víctor Manuel Fernández, Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe –al que está adscrita la comisión teológica–, fue elaborado por una subcomisión* entre 2022 y 2025. Sesenta años después de la constitución Gaudium et spes del Concilio Vaticano II, que trata de la relación de la Iglesia católica con el mundo contemporáneo, el texto técnico, en italiano, propone una reflexión de “antropología cristiana” para responder a la crisis de identidad del hombre, debilitado por el maremoto tecnológico.
En estas páginas se abordan dos ideologías: el transhumanismo y el posthumanismo. En el primero, los pensadores católicos ven "un movimiento filosófico que parte del principio de que los seres humanos pueden y deben utilizar los recursos de la ciencia y la tecnología para superar las limitaciones físicas y biológicas de la condición humana". Critican una "postura ingenua y acrítica hacia el progreso científico y tecnológico".
En el segundo, el posthumanismo, los teólogos advierten sobre un proyecto pesimista que promueve lo "híbrido" (cíborg), "llegando incluso a deconstruir al sujeto humano al hacer que la frontera entre lo humano y la máquina sea completamente fluida". Según ellos, esto supone una "evasión de la realidad, derivada de una devaluación radical de la humanidad".
"¿Hacia dónde nos dirigimos como humanidad?", pregunta el texto, que nos invita a examinar la dirección de este imparable "desarrollo". Lo que debería ser un "esfuerzo por superar las condiciones de vida adversas" se está deslizando hacia la búsqueda de un "superhombre", advierte. Para los teólogos, el sueño de una transición a una fase más allá de lo humano podría conducir a una condición "inhumana".
La verdadera respuesta reside en la fe cristiana, afirman: esta presenta "la vía adecuada para trascender los límites de la experiencia humana, mediante la divinización (teosis), posible solo a través de Dios". Los autores sostienen que este camino, que es "exactamente lo opuesto a la autodivinización transhumanista", constituye la "verdadera humanización".
Un resentimiento hacia la realidad y el cuerpo
Los miembros de la comisión vaticana detallan las consecuencias antropológicas del desarrollo tecnológico en las relaciones de la humanidad con el medio ambiente, con los demás, consigo misma y con Dios. Les preocupa que hoy la humanidad ya no se guíe por la naturaleza, con sus leyes y límites, sino por el potencial tecnológico, con sus recursos ilimitados.
Uno de los aspectos problemáticos del transhumanismo y el posthumanismo es el juicio negativo que emiten sobre la condición humana tal como es y el resentimiento que fomentan hacia la vida real, argumentan los teólogos. Denunciando un rechazo a la naturaleza de las cosas y de uno mismo, desarrollan, en particular, una reflexión sobre el culto generalizado al cuerpo. Se centran en la cirugía estética y la farmacología en Occidente, que, según creen, perpetúan el desprecio por el cuerpo real.
Frente al rechazo del envejecimiento y del deterioro físico, pensadores de la Iglesia católica proponen una reflexión sobre la discapacidad para "recordar el significado decisivo de la dependencia y la vulnerabilidad como elementos constitutivos de toda experiencia humana".
El espectro de la "Inteligencia General Artificial"
El documento se centra en un nuevo fenómeno, la "Inteligencia Artificial General", que se refiere a "una tecnología futura y ubicua capaz de reemplazar todos los aspectos computacionales y operativos de la inteligencia humana gracias a velocidades de computación muy altas". También advierte de la "amenaza" que surge si "ciertos aspectos específicos de la inteligencia humana se debilitan o abandonan conscientemente" en favor de un conocimiento "carente de sustancia, límites, conexiones y sentido moral".
Siguiendo con el tema de la IA, los teólogos señalan el mayor peligro: limitar el conocimiento humano a las formas de conocimiento que la IA puede procesar. Temen graves repercusiones en el entorno educativo al marginar las cuestiones éticas, filosóficas y teológicas, relegándolas al ámbito de la subjetividad o al gusto.
En este contexto, la comisión señala un cuestionamiento de la identidad en la humanidad, que genera conflictos identitarios y es una de las causas de la actual crisis de las democracias occidentales. También critica la tribalización de las redes sociales, que fragmenta la sociedad en grupos de opinión homogeneizados por los 'me gusta'.
El nacimiento de las "religiones digitales"

En las redes sociales, los teólogos observan un gigantesco mercado religioso que ofrece una variedad de religiones digitales. Les preocupan las nuevas prácticas espirituales en línea —como bendiciones y exorcismos virtuales, espiritismo digital y falsas religiones tridimensionales— que carecen de conexiones reales o pertenencia comunitaria, y lamentan que los creyentes a menudo depositen una confianza indiscriminada en los motores de búsqueda.
La religión digital, se lee en el texto, "se presenta como si incluso tuviera el poder de crear un 'Dios a su imagen y semejanza', [...] un 'Dios virtual' que pretende 'salvar' a la humanidad gracias a prestaciones tecnológicas puestas al servicio de las aspiraciones espirituales de los seres humanos".
Concebir la vida como una vocación
Los autores enfatizan la dimensión histórica de la experiencia humana, percibiendo hoy una pérdida del sentido de la historia, reducida a un instante fugaz. Esta amnesia cultural conduce al revisionismo y al negacionismo, advierten. También destacan la desaparición de la figura del peregrino —en busca de su verdadera patria— en favor de la del nómada, que vaga en busca de nuevas experiencias.
Para Quo Vadis, Humanitas, la humanidad no necesita un "salto evolutivo que trascienda la condición actual", sino más bien "una relación salvífica que haga significativa y hermosa la aventura de la autorrealización". La fe en la redención de Cristo ofrece "un fin y un sentido que permiten a cada persona realizar su propia vocación", prometen a las sociedades occidentales, donde deploran la reducción de la educación a un "proyecto de vida fugaz y completamente egoísta".
El dogma católico de la resurrección de los muertos también permite la reconciliación de las tensiones polares inherentes a la condición humana —finito/infinito, material/espiritual (alma/cuerpo), masculino/femenino— que profesan los teólogos. Respecto a esta última dualidad, declaran que la identidad del hombre y la mujer "no es una variable contingente que pueda configurarse de forma independiente o incluso en contradicción con su significado original y permanente". En una alusión implícita a la teoría de género , critican "la tendencia actual a negar o ignorar esta diferencia natural".
Además, los teólogos analizan que el "misterio de la Cruz" revela la historia desde la perspectiva de las víctimas. Este es un elemento crucial, argumentan, ya que la búsqueda del progreso inmanente "corre el riesgo de pisotear los cadáveres de los vencidos y abandonar a los débiles". Para una "cultura plenamente humana", animan a tener en cuenta a "los más pobres, los más débiles y los más desposeídos", quienes "corren el riesgo de convertirse en daños colaterales, aniquilados sin piedad".







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