“No existe una Iglesia ideal y pura, separada de la tierra, sino solo la única Iglesia de Cristo, encarnada en la historia”, afirmó el Papa León XIV durante la audiencia general del 4 de marzo de 2026, celebrada en la Plaza de San Pedro ante miles de fieles. Continuando con su serie de enseñanzas sobre el legado del Concilio Vaticano II, el pontífice profundizó en el tema de la “Constitución Dogmática Lumen Gentium: La Iglesia, realidad visible y espiritual”.
Haciendo eco de las palabras del Concilio, el Papa explicó que la Iglesia es "una realidad compleja" en el sentido de que es "un organismo bien estructurado, en el que la dimensión humana y la divina coexisten sin separación ni confusión".
Así, la Iglesia es ante todo "una comunidad de hombres y mujeres que comparten las alegrías y las dificultades de ser cristianos, con sus cualidades y sus defectos, anunciando el Evangelio y haciéndose signo de la presencia de Cristo".
Pero la Iglesia también posee una dimensión divina, que no consiste en una perfección ideal ni en la superioridad espiritual de sus miembros, sino en que la Iglesia nace del designio de amor de Dios por la humanidad, realizado en Cristo. Así, la Iglesia vive una paradoja: es una realidad a la vez humana y divina, que acoge a la humanidad pecadora y la conduce hacia Dios, afirmó el Obispo de Roma.
La experiencia tangible de la misericordia de Dios
Este documento del Concilio Vaticano II "se refiere a la vida de Cristo", insistió el sucesor de San Pedro. De hecho, "quien se encontró con Jesús en los caminos de Palestina experimentó su humanidad". Podían conmoverse por "la experiencia de su mirada acogedora, por el roce de sus manos que eran una bendición, por sus palabras de liberación y sanación", explicó León XIV, añadiendo que, mediante sus acciones, Jesús manifestó "al Dios invisible de manera visible".
A través de la Iglesia que busca vivir según las huellas de Cristo, se manifiesta también "una dimensión humana hecha de personas concretas, que a veces manifiestan la belleza del Evangelio y otras veces luchan y se equivocan como todos", explicó el pontífice.
"Pero es precisamente a través de sus miembros y de sus limitados aspectos terrenales que se manifiestan la presencia de Cristo y su acción salvífica", afirmó León XIV. No hay "oposición entre el Evangelio y la institución": al contrario, las estructuras de la Iglesia sirven precisamente para "la realización y concretización del Evangelio en nuestro tiempo", explicó el Papa, citando un discurso de Benedicto XVI dirigido a los obispos de Suiza el 9 de noviembre de 2006.
"Aquí reside la santidad de la Iglesia: en que Cristo habita en ella y continúa entregándose a través de la pequeñez y fragilidad de sus miembros", explicó el pontífice. Vio en esta aparente paradoja una demostración concreta del "método de Dios": "Él se hace visible a través de la debilidad de las criaturas, y continúa manifestándose y actuando". Por eso, el Papa Francisco, en Evangelii Gaudium, instó a todos a aprender a "descalzarse ante el suelo sagrado de los demás", añadió León XIV.
El Papa subrayó que el valor más importante del que deriva toda la credibilidad de la Iglesia es la "caridad": "sin ella, todo carece de valor; dondequiera que se encuentra, atrae todo hacia sí", concluyó, citando un sermón de san Agustín.



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