CUARESMA 2026
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El pecado hundió al mundo en la desgracia desde que el hombre comenzó a existir. Y si no renuncia a él, no podrá tener parte en la gloria de su Señor. Por eso es urgente deshacernos de cualquier cosa, situación o persona que nos obstaculice el encuentro con Dios.
El demonio ataca
Es muy fácil echar culpas. Y lo más sencillo será decir que es el demonio el que nos orilla a pecar. Y no es incorrecto del todo porque Satanás, envidioso del ser humano, busca cualquier descuido para seducirnos porque quiere que corramos la misma suerte que él: perder a Dios para siempre.
San Pedro nos alerta de este modo:
"Sean sobrios y estén siempre alerta, porque su enemigo, el demonio, ronda como un león rugiente, buscando a quién devorar. Resístanlo firmes en la fe" (1 Pe 5, 8-9)
Sin embargo, el diablo no puede obligarnos a pecar. Ese asunto es personal. Y seguramente todos tenemos algún talón de Aquiles que nos impide alejarnos del pecado. Ese es el engaño del enemigo: hacernos creer que sin esa atadura no seremos felices. Por eso, la conversión cuesta mucho.
El Papa Francisco habló de este tema durante el Ángelus del 6 de diciembre de 2020:
"La conversión implica el dolor de los pecados cometidos, el deseo de liberarse de ellos, el propósito de excluirlos para siempre de la propia vida. Para excluir el pecado, hay que rechazar también todo lo que está relacionado con él, las cosas que están ligadas al pecado y, esto es, hay que rechazar la mentalidad mundana, el apego excesivo a las comodidades, el apego excesivo al placer, al bienestar, a las riquezas".
Renuncia al pecado
Y bien, si ya somos conscientes de aquello que nos aleja de Dios, ¿qué nos corresponde hacer? Sencillamente renunciar al pecado. Por supuesto que no será mas que el principio, pero ese rechazo voluntario comenzará a poner limites entre nosotros y la tentación.
No es fácil porque a nadie le gusta admitir que falla y menos que es pecador. Pero si eres sincero contigo mismo y le pides al Espíritu Santo que te ilumine y te fortalezca, estarás en el camino correcto. Después, recuerda la renuncia al pecado que se realiza en los sacramentos del Bautismo y de la Confirmación:
"¿Renuncias al pecado para vivir en la libertad de los hijos de Dios?
Sí, renuncio.
¿Renuncias a todas las seducciones del mal, para que no domine en ti el pecado?
Sí, renuncio.
¿Renuncias a Satanás, padre y príncipe del pecado?
Sí, renuncio.
¿Prometes seguir a Jesucristo cumpliendo sus mandamientos?
Sí, prometo".
Cada que sientas que estás desfalleciendo, repite esta renuncia y ruega a Dios que no te suelte para que pronto puedas deshacerte del pecado que es una amenaza para perder la vida eterna.










