¿Te gustaría mejorar las cosas pero percibes que no puedes lograrlo? Hay algo que sí puedes hacer: tomarlas en tus manos y dejarlo todo en lugar seguro: en María, Madre de Jesús y de todos. Hazlo rezando esta oración de san Juan Pablo II, recogida en el libro Preghiera, de la editorial italiana Piemme.
Oración a María
Madre de la Iglesia y Madre nuestra, María:
Recogemos en nuestras manos
cuanto un pueblo es capaz de ofrecerte:
la inocencia de los niños,
la generosidad y el entusiasmo de los jóvenes,
el sufrimiento de los enfermos,
los afectos más verdaderos cultivados en las familias,
el cansancio de los trabajadores,
las preocupaciones de los desocupados,
la soledad de los ancianos,
la angustia de quien busca el sentido verdadero de la existencia,
el arrepentimiento sincero
de quien se ha perdido en el pecado,
los propósitos y las esperanzas
de quien descubre el amor del Padre,
la fidelidad y la dedicación
de quien entrega las propias energías en el apostolado
y en las obras de misericordia.Y Tú, oh Virgen Santa, haz de nosotros
también valientes testigos de Cristo.
Queremos que nuestra caridad sea auténtica,
y así reconducir a la fe a los incrédulos,
conquistar a los dudosos, llegar a todos.
Concede, oh María, a las comunidades civiles
progresar en la solidaridad,
trabajar con vivo sentido de la justicia,
crecer siempre en la fraternidad.
Ayúdanos a todos
a elevar los horizontes de la esperanza hasta las realidades eternas del Cielo.
Virgen Santísima, nos confiamos a Ti
y Te invocamos,
para que obtengas para la Iglesia dar testimonio, en todas sus decisiones, del Evangelio,
para hacer resplandecer ante el mundo
el rostro de tu Hijo y nuestro Señor Jesucristo.
Por qué acudir a María
Algunos santos dicen que la Virgen María es la “omnipotencia suplicante”. Es decir: no es que sea todopoderosa como Dios, pero su unión con Él y su petición humilde hacen que tenga todo el poder.
Así se mostró en las bodas de Caná narradas en el Evangelio de Juan. Fue Jesús quien transformó el agua en vino, pero Ella quien se lo pidió, quien de alguna manera lo logró.
Así que todo lo que nos preocupa o ilusiona, todas las necesidades que vemos, en el regazo de María llegan a Cristo.
“María apareció antes de Cristo en el horizonte de la historia de la salvación”, recuerda Juan Pablo II en su encíclica Redemptoris Mater.
Tal vez la sientas un poco más cerca para confiarle algo. O dudas que tengas que pedirlo, pero sabes que Ella encontrará el mejor camino para ponerlo finalmente en manos de Dios…
Mediadora
Puede haber mil razones para acudir a María, quien por otra parte está eternamente unida a su Hijo.
Y el Papa polaco aclara cómo y por qué la Madre de la Iglesia ayuda a todas las personas:
“María se pone entre su Hijo y los hombres en la realidad de sus privaciones, indigencias y sufrimientos. Se pone “en medio”, o sea hace de mediadora no como una persona extraña, sino en su papel de madre, consciente de que como tal puede —más bien tiene el derecho de— hacer presente al Hijo las necesidades de los hombres".
Su mediación, por lo tanto, tiene un carácter de intercesión: María “intercede” por los hombres.
No sólo eso: como Madre desea también que se manifieste el poder mesiánico del Hijo, es decir su poder salvífico encaminado a socorrer la desventura humana, a liberar al hombre del mal que bajo diversas formas y medidas pesa sobre su vida”.










