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León XIV: Un papa capaz de arreglar su propio papamóvil

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Cyriac Zeller - publicado el 02/03/26
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Desde hace décadas, León XIV siente un gran interés por los automóviles y la mecánica. Se dice que fue el primer papa capaz de cambiar bujías o hacer un cambio de aceite. Repasamos una pasión muy inesperada para un papa

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"A Bob le encantaba conducir", confiesa un hermano de la Orden de San Agustín que frecuentó al actual papa en sus primeros años de sacerdocio en Chicago, en un documental difundido por Vatican News. A diferencia de la mayoría de sus predecesores, León XIV es un auténtico apasionado de los automóviles. No es de extrañar, pues, que una de las primeras decisiones de su pontificado fuera abandonar el modesto Fiat 500L blanco que Francisco había impuesto para sus desplazamientos.

De entre la flota de 900 vehículos con los que cuenta el Vaticano, el Papa se decantó por una imponente furgoneta alemana de color azul oscuro, la Volkswagen Multivan PHEV 4MOTION. Este vehículo tiene capacidad para seis pasajeros, está equipado con un motor híbrido recargable de 245 caballos, transmisión automática y ofrece una autonomía de hasta 87 km en modo totalmente eléctrico. Más que suficiente para llegar a Castel Gandolfo, situado a unos cuarenta kilómetros del Vaticano, donde León XIV pasa sus días de descanso semanales.

Pope Leo at Borgo Laudato Si, in the garden of Castel Gandolfo
El papa León XIV sale de un automóvil al llegar para asistir a un almuerzo festivo con los pobres de la diócesis de Albano Laziale en Borgo Laudato Si, en los jardines de las Villas Pontificias de Castel Gandolfo, el 17 de agosto de 2025.

El pontífice estadounidense también sabe mostrarse patriota en lo que respecta a los automóviles: se ha desplazado en varias ocasiones por la capital italiana en un Jeep Grand Cherokee. Imponente, potente y robusto, este SUV híbrido de la marca estadounidense es un imprescindible al otro lado del Atlántico. Sin duda, una forma del papa de llevar un poco de su país natal a Roma.

Sin embargo, parece que a León XIV no le gusta especialmente el papel de pasajero que le impone su cargo. "No poder conducir debe de ser lo más difícil para él hoy en día", comenta otro hermano agustino de la provincia de Chicago en la misma película. Indispensable para recorrer los inmensos suburbios de Chicago, el coche era sinónimo de libertad para el joven "Bob". De joven, recorría sin pestañear los 1200 kilómetros que separan Chicago de la Universidad de Villanova, cerca de Filadelfia, donde estudiaba.

"Era un momento que disfrutaba, porque así tenía tiempo para pensar, para reflexionar y, si iba acompañado, para hablar", cuenta otro de sus antiguos compañeros, quien añade que, como buen estadounidense, le gustaban especialmente los Ford.

Esta pasión lo acompañó hasta Perú, donde partió como misionero por primera vez en 1985, aunque a veces cambiaba el volante por la silla de montar para llegar a algunas comunidades aisladas de los Andes. "Para ir a Lima desde Chiclayo, siempre tomaba el coche. Hay que tener en cuenta que eso supone entre 12 y 14 horas de carretera. No es nada habitual", confiesa Véronique Lecaros, autora de Léon XIV, retrato de un papa peruano.

De conductor a mecánico

En Sudamérica, Robert Francis Prevost había desarrollado claramente una gran afición por los vehículos imponentes. "El padre Robert, que entonces era muy joven, vino a buscarme a mi casa, en Trujillo", cuenta César Piscoya al recordar su primer encuentro con el futuro papa. "Recuerdo que llegó conduciendo una camioneta Toyota Hilux, gris o color plomo".

Este imponente vehículo japonés, famoso por su solidez y fiabilidad, era probablemente adecuado para las escarpadas carreteras de Perú por las que tenía que circular el estadounidense. "Cuando se es misionero, se aprende a hacer de todo, desde reparar aparatos electrónicos hasta mecánica automotriz, y mucho más", testimoniaba en 2020 el que entonces aún era monseñor Prevost. Hasta tal punto que, si había que cambiar el aceite o las bujías en la comunidad agustina peruana, siempre se recurría a él.

Técnicamente, León XIV podría ser el primer papa capaz de reparar su papamóvil... Sin embargo, no es seguro que los mecánicos del Vaticano le dejen correr el riesgo de manchar su inmaculada vestimenta metiendo las manos en el aceite. Lo cual no debería ser necesario: León XIV ha heredado un papamóvil muy robusto, un Mercedes-Benz Clase G totalmente eléctrico, un modelo equipado con cuatro motores y con una potencia de más de 500 caballos. Algunos incluso imaginan que tener que dejarse llevar en un bólido así puede ser una fuente de frustración para el papa: "Estoy esperando ver una imagen de él conduciendo su papamóvil y sin quedarse atrás", bromea entre risas uno de sus hermanos agustinos que lo conoció bien.

Algunas marcas ya han aprovechado esta debilidad del Papa por los automóviles. El presidente de la filial italiana de BMW visitó el Vaticano en diciembre de 2025 para obsequiar al sucesor de Pedro con su último modelo, el xDrive60 M Sport.

Lejos de ser un pequeño coche urbano, este SUV está equipado con el motor eléctrico más potente que ofrece la marca, con nada menos que 544 caballos bajo el capó. Con un juguete así, el papa podría, en teoría, pasar de 0 a 100 km/h en 4,6 segundos.

Sin embargo, es muy poco probable que lo conduzca algún día... Los regalos que se ofrecen a los papas, incluidos los coches, suelen venderse en subastas para financiar obras benéficas. Este fue el caso de un magnífico Lamborghini Huracan blanco, regalado al Papa Francisco en 2017. Poco después, el vehículo de lujo recaudó 715 000 euros para las obras benéficas del pontífice.

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