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5 reflexiones del retiro de Cuaresma del Papa para todos

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Daniel Esparza - publicado el 28/02/26
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En esta Cuaresma el mensaje del retiro es claro: sé libre, sé auténtico, sé íntegro. La reforma que el mundo necesita comienza con la conversión de cada corazón

CUARESMA 2026

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El obispo Erik Varden, que predica este año el retiro de Cuaresma al papa León XIV y a la Curia romana, ha recurrido en repetidas ocasiones a la profunda sabiduría de san Bernardo de Claraval.

A lo largo de varias meditaciones —sobre el idealismo, la libertad, la verdad e incluso el fracaso eclesial— destaca un hilo conductor: la conversión es concreta. Reforma nuestra forma de pensar, elegir y vivir. He aquí cinco ideas que los católicos de a pie pueden aplicar a su propia Cuaresma.

1El idealismo necesita humildad

San Bernardo "causó sensación" cuando ingresó en Cîteaux con 30 compañeros a la edad de 23 años. Brillante, enérgico y motivado, ayudó a dar forma a la reforma cisterciense, pero también tuvo que aprender, a través de heridas y reveses, que el celo no es lo mismo que la santidad.

El obispo Varden no presenta a Bernardo como un personaje impecable. Lo muestra como un hombre cuyas fuertes convicciones a veces se endurecían hasta convertirse en partidismo, y que tuvo que enfrentarse a su propia arrogancia.

¿La conclusión? El idealismo es un don, pero debe purificarse. En la vida parroquial, en los debates familiares o en las discusiones en línea, la pregunta no es solo "¿tengo razón?", sino "¿soy dócil a la gracia?"» La Cuaresma nos invita a dejar que la experiencia nos haga humildes sin extinguir nuestro fuego.

2La libertad no es hacer lo que queramos

En una cultura donde la "libertad" domina la retórica política, la definición de Bernardo va en contra de la corriente. Lo que nos parece natural a la humanidad caída —salirnos con la nuestra, satisfacer nuestros deseos, cuidar nuestra imagen— es, según él, una especie de cautiverio.

La verdadera libertad brota del "Sí" de Cristo al Padre. No consiste en tomar el control, sino en amar con generosidad crucificada.

Esto tiene consecuencias prácticas. La libertad cristiana puede significar absorber los malentendidos en lugar de agravar los conflictos. Puede significar aceptar los límites —la enfermedad, la responsabilidad, el envejecimiento— como lugares donde el amor puede profundizarse.

La cruz es el emblema de la libertad de la Iglesia.

3 La tentación puede fortalecernos

"Nadie vive en la tierra sin tentaciones", advierte Bernardo. En lugar de entrar en pánico ante nuestras dificultades, podemos considerarlas como un entrenamiento.

Resistirnos a la falsedad fortalece nuestro apego a la verdad. Cada pequeño rechazo —a exagerar, a caer en la envidia, a alimentar el resentimiento— fortalece nuestro músculo moral.

Las disciplinas de la Cuaresma son importantes en este sentido. El ayuno, la confesión y el examen no son extras piadosos, sino que agudizan nuestra percepción. Nos entrenan para distinguir entre lo que brilla y lo que realmente salva.

4La ambición corroe el alma

El lenguaje que utiliza Bernardo para referirse a la ambición es sorprendente: un "virus secreto", una "madre de la hipocresía". La ambición no es simplemente querer hacerlo bien. Es el deseo silencioso de ser visto, aplaudido, indispensable.

La aplicación del obispo Varden es estimulante, especialmente en el contexto de la Iglesia. El liderazgo espiritual se pone a prueba en los hábitos cotidianos: cómo se maneja uno ante los elogios, cómo se comporta uno en la mesa, qué consume uno en Internet.

Para los católicos laicos, la pregunta es similar: ¿mi servicio busca la gloria de Dios o la mía propia? La Cuaresma ofrece la oportunidad de hacer el bien de forma oculta: dar, rezar o servir sin hacerlo público.

5La santidad es la verdadera credibilidad de la Iglesia

Quizás la meditación más aleccionadora fue la relativa a la corrupción dentro de la Iglesia. Las heridas más graves, señaló el obispo Varden, a menudo provienen del interior. Ninguna simplificación —ninguna división fácil entre monstruos y víctimas— puede sustituir a la responsabilidad sobria y las lágrimas.

Sin embargo, él se resiste a la desesperación. La respuesta al escándalo no es la estigmatización ni la estrategia, sino la santidad.

Haciéndose eco del gran llamamiento del Concilio Vaticano II, señala la santidad como el testimonio más persuasivo de la Iglesia. La gente puede dudar de los argumentos, pero sigue arrodillándose ante la bondad genuina.

Esta Cuaresma, pues, el mensaje del retiro es claro: sé libre, sé verdadero, sé íntegro. La reforma que necesita la Iglesia comienza con la conversión de cada corazón.

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