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La música de Messiaen para mostrar la Transfiguración

TRANSFIGURATION
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Patricia Navas - publicado el 27/02/26
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Descubre una original composición del siglo XX sobre la luz y la gloria divina

¿Has escuchado La Transfiguración de Nuestro Señor Jesucristo, la sinfonía coral que Olivier Messiaen dedicó a este acontecimiento situado en el Monte Tabor en el que el rostro de Jesús resplandeció como el sol?

Las impactantes innovaciones que caracterizan el arte del siglo XX están presentes en esta obra del compositor francés. 

Se trata de un oratorio dividido en dos grupos de siete movimientos (el organista francés nunca despreció los símbolos). 

Incluye textos bíblicos (especialmente los Evangelios referidos a la Transfiguración) y comentarios de la Summa Teologica de santo Tomás de Aquino sobre la luz y la gloria divina.

Como el resto de la música de este artista católico, está concebida no para narrar, sino para mostrar, afirma Paul Griffiths, autor de Olivier Messiaen and the music of time.

A lo grande

Messiaen ya pensaba en esta obra en los años 40 del siglo XX. Finalmente la compuso, por encargo de la Fundación Gulbenkian, entre los años 1965 y 1969.

Por aquel entonces, enseñaba composición en el Conservatorio de París a exponentes de la música vanguardista como Stockhausen y Xenakis.

olivier messiaen
Olivier Messiaen.

La Transfiguración de Nuestro Señor Jesucristo se estrenó en Lisboa ante nueve mil personas. 

La obra requiere numerosos intérpretes. En esa ocasión actuaron un centenar de cantantes del Coro Gulbenkian, la Orquesta de París y solistas como el cellista Mstislav Rostropóvich y la pianista Yvonne Loriod (su esposa, quien completó las obras de Messiaen tras su muerte).

Hacia Dios

Con su música, Messiaen siempre trataba de abrir caminos, sobre todo hacia lo eterno, hacia Dios. 

Entre sus recursos artísticos más peculiares se encuentran los sonidos de las aves, que le fascinaban. 

El compositor incluyó muchas especies de cantos de pájaros en La Transfiguración de Nuestro Señor Jesucristo, así como en otras obras, como la ópera que dedicó a san Francisco de Asís. 

“Mi fe es el gran drama de mi vida -afirmó Messiaen-. Soy creyente, así que canto palabras de Dios a quienes no tienen fe. Ofrezco cantos de pájaros a quienes viven en ciudades y nunca los han escuchado, compongo ritmos para quienes solo conocen marchas militares o jazz, y pinto colores para quienes no ven nada”. 

A pesar de la falta de conexión con su público que él percibía, la historia de la música le reserva, en el convulso siglo XX, un lugar; y el Eterno, un canto perfecto. A Él le rezaba, con música y con palabras como estas.

Oración

“Tú que estás presente en todos los tiempos,

Tú que estás en presente en todos los lugares,

sin ser dividido o multiplicado,

Tú que eres tres Personas,

con una sola Naturaleza indivisible,

Tú que haces lo imposible,

engendrar a Dios y permanecer Dios.

Tú que eres Padre, Hijo y Espíritu Santo,

con una sola acción, un solo poder.

Tú que eres encarnado,

con sufrimiento mueres en la cruz,

permaneciendo Dios inmortal,

eternamente en la perfección de la alegría.

Tú que te ocultas en la hostia,

Tú que hablas en nosotros,

Tú que te ocultas en nosotros,

Tú que mantienes el silencio en tu Amor.

Tú, a quien llamamos bueno, santo, eterno,

porque la Bondad eres Tú, la Santidad eres Tú,

el Amor y la Eternidad eres Tú.

Tú que estás cerca, Tú que estás lejos,

Tú que eres la luz y las tinieblas,

Tú que eres tan complicado y tan simple,

Tú que eres infinitamente simple.

Haz que comprenda tu Inmensidad,

que imite tu Santidad,
libérame por tu Verdad,

tira de mí hacia tu Eternidad,

alcánzame tu Simplicidad,

consúmeme para siempre en tu adorable Unidad,

para que me colme de Ti por los siglos de los siglos.

Amén.

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