Tras casi dos décadas de profunda dedicación al suelo brasileño, el padre Luís Miguel Modino se prepara para un nuevo capítulo. Misionero fidei donum, Modino se ha convertido en una voz respetada en la Iglesia y entre los pueblos de la Amazonía. Para él, el acto de comunicar no es un apéndice de la evangelización, sino la esencia misma de la misión. En un mundo saturado de ruidos, defiende una comunicación que nace de la escucha y del "olor de las ovejas", transformando al periodista en portavoz de realidades a menudo silenciadas por los grandes medios de comunicación.
La misión de escuchar
Para Modino, la comunicación eclesial eficaz comienza mucho antes de la primera línea escrita o del primer clic en la cámara. "Nace en el silencio y en la convivencia", dijo en una entrevista con Vatican News. Durante sus años en la Amazonía, acompañando a comunidades indígenas y ribereñas, aprendió que el verdadero comunicador debe ser primero un aprendiz de la realidad local. Esta es la primera etapa de cualquier misión que pretenda ser auténtica: la capacidad de dejarse afectar por la vida del otro.
En sus reflexiones sobre el período en que sirvió en la Diócesis de São Gabriel da Cachoeira y en la Arquidiócesis de Manaos, el sacerdote es enfático: "Solo escuchando somos capaces de valorar y descubrir las riquezas que allí existen, el esplendor de la Amazonía que nos llama a comunicarlo". Para él, el comunicador misionero tiene el deber de superar los prejuicios y ofrecer al mundo una "nueva historia" de la región, que vaya más allá de las tragedias y se centre en la resistencia y la belleza de los pueblos originarios.
Misión digital

Con el avance de las tecnologías y la consolidación de las redes sociales, Modino no rehuyó el desafío de habitar el entorno virtual. Para él, Internet no es solo una herramienta, sino un "continente" que debe ser evangelizado con la misma dedicación que una parroquia física.
"La misión digital debe ser purificada, pero nunca abandonada. No perdamos la oportunidad de ofrecer la Buena Nueva a los cientos de millones de personas que hoy habitan el continente digital", afirma el sacerdote. Para él, el misionero digital es un nuevo carisma necesario para acompañar a aquellos que están lejos de las estructuras parroquiales tradicionales.
Misión y puentes
Al despedirse de Brasil en diciembre de 2025, el padre Luís Miguel Modino deja un legado de puentes construidos. Su labor en la REPAM (Red Eclesial Panamazónica) y en el CELAM (Consejo Episcopal Latinoamericano) ejemplifica cómo la comunicación puede unir los dolores de las periferias con el corazón del Vaticano. La misión de comunicar, por lo tanto, es un servicio a la unidad y a la denuncia profética.
El regreso a España no significa el fin de su tarea, sino un cambio de geografía. El bagaje que se lleva de Brasil, cargado de nombres, rostros y luchas, seguirá alimentando su vocación. "Donde hay odio, los misioneros llevan amor; donde hay desesperación, llevan esperanza", recuerda Modino, citando la premisa que ha guiado sus 19 años en tierras brasileñas.











