La “Missa solemnis” de Ludwig van Beethoven resonó en el Walt Disney Concert Hall de Los Ángeles el fin de semana pasado, dirigida por el reconocido músico venezolano Gustavo Dudamel.
Junto a la LA Phil, cantaban el Orfeó Català, el Cor de Cambra del Palau de la Música Catalana y los solistas Pretty Yende, Sarah Saturnino, SeokJong Baek y Rod Gilfry.
Esta compleja composición, que Beethoven consideraba su mejor obra, “en esencia trata sobre la fe -escribe el director en el programa de mano-, fe en algo más grande que nosotros mismos”.
“Beethoven tuvo que inventar una nueva arquitectura musical para su Misa solemne”, prosigue Dudamel.
“Y cada vez que miro la partitura, encuentro un nuevo espacio”, asegura. Para él, la Missa solemis es “el santo grial del repertorio sinfónico”, “me hace creer en otra dimensión de grandeza y belleza”.
Música para la paz
El director de la Filarmónica de Los Ángeles considera que “en la partitura, Beethoven hacía una oración por la paz interna y la paz externa” y cree en su fuerza:
“Nosotros tenemos un poder enorme con lo que hacemos, un poder transformador: en un mundo tan dividido, tenemos el poder de encontrarnos a través de lo sublime, de la belleza, de lo que es un mensaje de la expresión más elevada de lo humano y de amor”, afirma Dudamel.
Tal vez se cumple de alguna manera el objetivo con el que Beethoven compuso esta Misa en Re en la parte final de su vida: “Excitar el sentimiento religioso tanto de cantantes como de oyentes, y hacer de este sentimiento algo duradero".
Un final inesperado
El diario Ara publicó una crónica del concierto del sábado 21 de febrero de 2026 en la ciudad estadounidense.
En ella, el director del Cor de Cambra y del Orfeó Català, Xavier Puig, comenta el final del concierto.
Tras los últimos compases, las aproximadamente dos mil personas que llenaban la sala, quedaron en un silencio absoluto, antes de estallar en una larguísima ovación.
"Dudamel ha hecho una versión muy intrépida, muy arriesgada -reveló Puig-. De hecho, ha improvisado muchas cosas nuevas respecto a los ensayos".
"En el fondo es así, el final es así -reflexionaba en voz alta-, y maquillarlo de cualquier otra forma, de forma festiva, quizás no tiene sentido porque realmente está hecho para dejarnos con esa sorpresa final”.
“Y creo que el público lo ha entendido respetando ese momento de silencio", añadió Puig.
El director del coro relató cómo acabó el director de la orquesta, de 45 años, tras un concierto tan intenso y complicado:
“Cuando ha terminado el momento de recogimiento que ha habido al final, se ha quedado como en tránsito, con mucha paz. Cuando he entrado dentro, entre bastidores, Dudamel estaba apoyado en una pared e iba repitiendo: “Qué paz, por favor, qué paz".











