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Este beato se casó dos veces antes de ser religioso

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Mónica Muñoz - publicado el 24/02/26
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La vida del beato Sebastián de Aparicio tiene admirables episodios; antes de ser religioso franciscano se casó dos veces, viviendo santamente

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Los restos del beato Sebastián de Aparicio reposan en la iglesia de San Francisco de Asís, en Puebla, México, dentro de un féretro de cristal que permite venerar su cuerpo incorrupto. Su vida fue rica en obras, siempre con el afán de agradar a Dios. Fue soltero por decisión propia, no obstante se casó dos veces viviendo sus matrimonios de forma inusitada para su tiempo, antes de convertirse en religioso franciscano.

España fue su Patria

El 20 de enero de 1502, La Gudiña, Orense, España, vio nacer al tercer hijo de Juan Aparicio y Teresa Prado. En el seno familiar aprendió a amar a Dios y a la Santísima Virgen. Ahí también aprendió a labrar y a trabajar con ganado y caballos. A los veinte años dejó la casa paterna para ir en busca del sustento en tierras españolas.

Pero era en América donde le esperaba la fortuna. Luego de trabajar varios años y de enviar a sus hermanas la dote necesaria para que pudieran contraer matrimonio, partió a México en 1533, encaminando sus pasos hacia una ciudad recién fundada por Fray Toribio de Benavente: Puebla de los Ángeles.

El hombre, que sabia trabajar muy bien, pronto encontró buenas tierras. Aprovechó el ganado salvaje, construyó carretas, abrió caminos. Hizo una gran riqueza, siempre fue generoso y sobre todo, amaba profundamente a Dios. Pero su vida corría y enfermaba, en ocasiones de gravedad. Sus amigos le aconsejaban que se casara para que no viviera solo y tuviera quien lo atendiera.

Él había decidido vivir en celibato y había rechazando oportunidades y muchas tentaciones carnales. No le parecía suficiente lo que alegaban sus amigos, pero admitía que tenían algo de razón.

Sus dos matrimonios

Sebastián, fiel a Dios, se puso en Sus manos y pidió consejo a su confesor porque sería la decisión más importante en su vida -hasta ese momento - .

La primera vez se casó con la hija de uno de sus amigos, para quien resultó un buen partido debido a su excelente posición económica. El santo varón tenía ya 60 años.

Contrajeron matrimonio en 1562 en el convento de Tacuba, iglesia franciscana, por cierto. Pudo acordar con su joven esposa vivir como padre e hija. Él se desvivía por su esposa y la llenaba de atenciones. Rezaban el rosario todos los días.

Cuando sus suegros se enteraron de que los esposos vivían en virginidad por amor a Dios, amenazaron con entablar un juicio de nulidad, tal vez por temor a perder la herencia del anciano yerno por no tener descendencia.

Pero la joven enfermó y murió pronto. Tenían apenas un año casados. Entonces, Sebastián dio dos mil pesos de la dote de su esposa a los padres.

Para mitigar su dolor se refugió en la oración. Luego fue a Azcapotzalco a vivir. Dos años después, volvió a contraer matrimonio con otra joven. María Esteban también compartía con Sebastián el secreto de su vida virgen.

Dos palomitas para el cielo

En esta ocasión fue Sebastián quien cayó enfermo. Dejó en su testamento como heredera a su esposa, si ella le sobrevivía. Sin embargo, gracias a su constitución robusta, se recupera y vuelve a su vida de austeridad y trabajo.

Un día, Sebastián había salido a recorrer los campos. Su esposa subió a un árbol a recoger unos frutos. De pronto se rompe la rama en la que estaba encaramada, quedando gravemente herida. Murió poco tiempo después. También dio a los padres de María Esteban dos mil pesos de la dote y su ajuar.

Leemos en su biografía que "Años más tarde, al referirse a sus dos esposas, diría de ellas Sebastián que "había criado dos palomitas para el cielo blancas como la leche".

El beato Sebastián de Aparicio tuvo aún una larga vida como religioso franciscano, muriendo en olor de santidad el 25 de febrero de 1600 a la edad de 98 años. Fue beatificado por el papa Pío VI el 17 de mayo de 1789.

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