Cada inicio de Cuaresma muchos creyentes formulan buenos deseos: rezar más, ser pacientes, cambiar hábitos. Sin embargo, la tradición cristiana propone algo más exigente y más transformador: penitencia verdadera. No se trata de intención, sino de conversión efectiva del corazón.
La Cuaresma no es una lista de propósitos espirituales, sino un camino concreto de conversión que exige decisiones reales









