Hojear la Biblia para leer algunos pasajes siempre traerá alegría al corazón. Y cuando encontramos ejemplos que en algunos puntos se asemejan a nuestra propia vida, nos ayuda a entender que Dios siempre es el mismo y el corazón ser humano solo cambia de época, tal como el amor de las mujeres, que guarda fidelidad a su Señor.
1Rut, la mujer moabita
Rut, cuyo nombre significa "compañera", fue una mujer moabita.
Después que Noemí y Elimelec, junto con sus hijos Quelión y Mahlón (por causa del hambre) tuvieron que abandonar su hogar de Belén, Rut se casó con Mahlón.
Murieron los varones y quedaron viudas Noemí, Rut y Orfa. Noemí decidió regresar a Belén, y Rut, por el cariño que le tenía, se fue con ella.

No tenía porque hacerlo pues no era su obligación. Dejó su tierra y su religión y abrazó la tierra y la fe de Nohemí. Cuando llegaron a Belén comenzaba la cosecha de la cebada.
Rut espigó los campos para ganarse el sustento y mantener a su suegra (cosa inusual en una mujer de la época). En ese trabajo conoció a Booz, pariente de Noemí, quien la trató bondadosamente y luego se enamoró de ella.
Booz compró la herencia de Mahlón y así, de acuerdo con la ley hebraica (Dt 25, 5-10) adquirió el derecho de casarse con Rut. Su hijo primogénito fue Obed, quien fue padre de Isaí y abuelo de David.
La historia de Rut es sin duda una de las historias más bellas en el Antiguo Testamento. Ella es modelo de mujer fiel, noble y llena de coraje. El amor desinteresado de Rut es un amor muy femenino, un amor que actúa de inmediato ante la necesidad física o espiritual de otro, incluso cuando resulta inconveniente.
La fidelidad y fortaleza de Rut son comparadas con las de María, pues de su descendencia proviene Jesús.
"No insistas en que te abandone y me separe de ti, porque donde tú vayas, yo iré, donde habites, habitaré. Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios" (Rut 1, 16).
2La madre macabea
El relato bíblico no es tan solo la memoria del valor de los jóvenes macabeos. Es también una preciosa consideración sobre la madre de aquellos valientes. Esta madre vio morir en un mismo día, uno a uno, a sus siete hijos.
En esta historia vemos su grandísima fortaleza de ánimo y la fuerza de su esperanza. Por otro lado, en sus labios se colocan algunas expresiones cargadas de sentido teológico. La madre proclama a Dios como Señor de la vida humana.
Vincula la fe en el Dios creador con la fe en la resurrección, y nos ofrece la seguridad que el Dios de la vida retribuirá con creces a los que han entregado su vida por fidelidad a su voluntad.
La historia de los siete hermanos macabeos y su madre es un hermoso relato sobre la fidelidad a la ley del Señor en momentos de persecución y de prueba.
"Admirable de todo punto y digna de glorioso recuerdo fue aquella madre que, al ver morir a sus siete hijos en el espacio de un solo día, sufría con valor porque tenía la esperanza puesta en el Señor. Animaba a cada uno de ellos en su lenguaje patrio y, llena de generosos sentimientos y estimulando con ardor varonil sus reflexiones de mujer, les decía: "Yo no sé cómo aparecisteis en mis entrañas, ni fui yo quien os regaló el espíritu y la vida, ni tampoco organicé yo los elementos de cada uno. Pues así el Creador del mundo, el que modeló al hombre en su nacimiento y proyectó el origen de todas las cosas, os devolverá el espíritu y la vida con misericordia, porque ahora no miráis por vosotros mismos a causa de sus leyes" (2 Macabeos 7, 20-23).
3La mujer siria
Otro ejemplo admirable es el de una mujer siria, originaria de Fenicia y por lo tanto, pagana, que busca a Jesús para que saque de su hija un demonio que la atormentaba.
Cuando lo vio, inmediatamente se postró a sus pies rogándole que sacara el espíritu impuro de su hija. Pero el Señor responde cortante - para probar que su fe y su amor de madre era inmenso, indudablemente -
"Deja que coman primero los hijos. No está bien quitarles el pan a los hijos para echárselo a los perritos".
Ella, sin amedrentarse y con una humildad extrema, respondió
"Sí, Señor; pero también es cierto que los perritos, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños".
Jesús sabía perfectamente de qué madera estaba hecha aquella mujer, madre fiel y amorosa. Por eso, suavizando su tono - y seguramente, con una gran sonrisa - contestó:
"Anda, vete; por eso que has dicho, el demonio ha salido ya de tu hija".
El evangelio dice que al llegar a su casa, la mujer encontró a su hija recostada en la cama, y ya el demonio había salido de ella (Mc 7, 25-30).












