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Marianne, tres peregrinaciones sola y a pie para renacer interiormente

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Caroline Moulinet - publicado el 17/02/26
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Marianne de Boisredon ha realizado tres peregrinaciones en solitario: Compostela, en España, por el Camino del Norte; Shikoku, en Japón, pasando por los 88 templos budistas, y Asís, partiendo de Vézelay. Testimonio de una mujer en busca de renacimiento

Marianne celebra su 50 cumpleaños cuando su esposo Hubert le pregunta qué le gustaría hacer. Ella responde espontáneamente: "Caminar. Durante mucho tiempo. Por el Camino de Santiago. Sola". En aquella época, Marianne tenía una agenda muy estructurada y apretada. Se ocupaba de su numerosa familia —cuatro hijos, más dos acogidos tras la muerte de una prima— y también tenía muchas responsabilidades. Sentía la necesidad de bajar el ritmo. Así que se marchó durante tres semanas al Camino de Santiago. Un comienzo prometedor. Marianne sueña con volver.

Más tarde, cuando cree que ha llegado el momento adecuado para continuar su peregrinación, le ofrecen el puesto de responsable de Fondacio. Acepta, pero pide una semana para terminar la parte francesa del Camino antes de embarcarse en su misión. Solo después de cinco años de servicio, cuando se encontraba al borde del agotamiento, muy cansada por su ritmo frenético, volvió a surgir en su mente el deseo de retomar la marcha.

Una necesidad física de reducir el ritmo, recuperar fuerzas y un intenso deseo de continuar el camino desde la frontera española, por el Camino del Norte. Un camino físicamente exigente, pero que se le impone como algo evidente.

Odres nuevos

Al acercarse a los 60 años, se perfila una nueva etapa de su vida y se pregunta: "¿Qué quiero para los próximos 30 años?". No se trata de desligarse de la vida cotidiana, sino de aprender a saborear cada momento de forma diferente. Recuerda:

"Una amiga me dijo que, para sus 60 años, le gustaría tener odres nuevos para poner vino nuevo. ¡Esa frase resonó con fuerza en mí! ¡Era exactamente el enfoque de mi peregrinaje!".

¿Pero entonces, ir sola? ¿De verdad? Marianne y Hubert lo hablan en pareja. Hubert acepta el deseo de su esposa con la esperanza de acompañarla, pero le parece difícil dada su situación. Juntos, los esposos deciden que Hubert acompañará a Marianne durante la primera semana.

"La primera semana es la más difícil", explica ella. "Es el comienzo. Sin embargo, eso le permitió a Hubert darse cuenta de lo que es caminar, comprender lo que yo iba a vivir. Después, nos llamábamos todos los días y cada uno compartía las alegrías y las dificultades de su día".

Un tiempo para la reflexión

En esa distancia geográfica, la pareja crece de otra manera, una riqueza adicional alimenta los intercambios. "Estaba disponible al 100 % para él cuando llamaba; en cuanto a Hubert, llamaba en el mejor momento para él. El diálogo era el mismo que si estuviéramos físicamente juntos, pero la calidad de la escucha era mucho mejor", comparte Marianne. Palabras que son como una brújula de comunicación para todas las parejas.

A medida que avanzan los kilómetros, Marianne contempla su vida "como una película que rebobino, poniendo en pausa momentos que se me habían escapado en la vida cotidiana, pero que están llenos de ternura", afirma. Esta peregrinación es una reflexión interior.

El tiempo vuelve a su curso cuando, a finales de 2022, el deseo de caminar se impone de nuevo. En este tiempo de Adviento, el corazón de Marianne se pone a escuchar con más intensidad. Descubre el testimonio de una mujer que se fue a caminar a Japón, 1300 kilómetros y 88 templos budistas. "¡Es posible hacerlo para una mujer! ¡Y sola!". Marianne ya se alegra. Ella, que había vivido dos años en Japón, no conoce esta peregrinación, pero la llamada se aclara en su oración. Decide hacerse este regalo por su cumpleaños.

Una llamada interior

Camino Santiago

¿Qué es lo que impulsa tantas peregrinaciones? Marianne anima a todos: "El primer paso es creer. Decirse a uno mismo: "¿Y si fuera posible? ¿Y si funcionara?". Es un reto, una intuición. Los cristianos lo llaman "una llamada interior". No hay que taparlo, sofocar ese impulso diciéndose: "No puedo permitírmelo, quién me creo que soy, etc.". Quería recibir ese regalo interiormente, escuchando, no fuera de mí, sino escuchando mi relación con Dios".

Marianne recorre así este camino budista, contemporáneo del Camino de Santiago, pero al otro lado del mundo. "Quería hacer esta peregrinación como cristiana, uniéndome a los budistas en su búsqueda de la paz", explica Marianne. "Me encontraba con poca gente en estos caminos, así que cada vez que me cruzaba con alguien, hacía un ejercicio interior consciente de desearle el bien a esa persona, de pedir la bendición de Dios para ella. Eso transforma la mirada". Marianne sigue practicando hoy en día, en el metro o en la calle, deseando interiormente que la vida de cada persona sea hermosa.

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