Desde hace varios años, Sylvie Barth, casada, madre de familia, teóloga y miembro permanente de Fondacio, observa cómo se forman y viven las parejas. Desde hace unos cuarenta años, ve surgir un nuevo modelo de pareja al que denomina "pareja electiva", basada en una elección libre y una afinidad recíproca. Para Sylvie Barth, esta nueva pareja, que solo puede funcionar gracias a un compromiso común y una cooperación constantemente renovada y adaptada a las necesidades de cada uno, constituye una oportunidad para preservar los recursos del planeta.
"La pareja no es un lujo para tiempos tranquilos. Es un laboratorio de resistencia, una poderosa palanca de transformación social, incluso y sobre todo cuando el clima se vuelve loco", asegura. A su escala, la "pareja electiva" constituye una respuesta a la obsesión por la producción y el consumo. Para Sylvie Barth, suscita "una forma prometedora de habitar la "casa común", para los hogares, cada uno por su cuenta, pero también para toda la Tierra".
Aleteia: Usted observa un nuevo modelo de pareja que está en boga hoy en día, al que denomina "pareja electiva". ¿Cómo se define y en qué se diferencia de las parejas de décadas anteriores?

Sylvie Barth: La pareja que yo califico de "electiva", es decir, la "pareja elegida" o "que se elige", se constituye por elección amorosa: los miembros de la pareja se eligen libremente, basándose en una afinidad recíproca. La vida en común se anima con un proyecto de felicidad que construir y disfrutar juntos, las decisiones se toman y se llevan a cabo entre ambos. Fecho el surgimiento de este nuevo modelo de pareja en los años 80-90, desde que las mujeres pueden entrar y salir libremente de una pareja.
Se trata de una forma totalmente nueva de formar pareja, y ello por tres razones: la nueva pareja ya no se circunscribe al marco del matrimonio, rompe con el modelo patriarcal que prevalecía hace aún 40 años para basarse en un modelo de colaboración y, por último, transmite la idea de una paternidad plenamente compartida y de una educación que rechaza la violencia.
En este nuevo modelo de pareja, los cónyuges son más libres que antes, no están limitados por la institución del matrimonio ni por la presión social, pueden romper su relación tan pronto como la promesa de felicidad se desvanece, entonces, ¿sobre qué base se puede construir esta nueva pareja para que sea duradera?
La pareja electiva supone que ambos se comprometen a permanecer juntos. Hoy en día, la mujer quiere vivir algo para ella, por lo que será necesario compartir las tareas, construir y dirigir un proyecto. Las cuestiones relacionadas con la educación deben abordarse entre ambos. Cuando surge un reto profesional, ya sea para el hombre o para la mujer, es necesario construir un nuevo equilibrio...
¡Todo esto requiere habilidades y conocimientos completamente nuevos! La pareja actual está en sus inicios. Cuando ya no se reproduce lo "conocido", es un nuevo reto articular los deseos respectivos frente a la pareja e inventar juntos la forma de materializarlos. En la pareja elegida, prima la cooperación.
"El desarrollo sostenible del planeta y el desarrollo sostenible de la pareja van de la mano".
Usted tiene una visión muy optimista de este nuevo modelo de pareja, empezando por la calidad de la relación que implica.

Decir que antes todo iba bien y que ahora todo va mal, o al revés, no tiene sentido. Veo en esta nueva pareja un camino de maduración frente a una herencia milenaria. Este tipo de relación coelectiva, benevolente y adulta, es capaz de reforzar a una persona en lo que es, vista en su singularidad y sus potencialidades. Es capaz de estimularla para avanzar, cambiar lo que debe cambiarse y desplegar sus dones.
Apoyado por la seguridad del amor incondicional, el cónyuge así amado puede arriesgarse a lo nuevo y desplegar una energía reparadora para él. Las dificultades parecen menos abrumadoras: reconfortar a los que nos rodean y trabajar por un mundo mejor es más posible. Ahí radica todo el reto del amor electivo: elegir amar con humanismo, sin aplastar al otro, dejarse amar y, así, sacudirnos en el camino.











