Más allá de diferencias internas, las congregaciones religiosas muestran que la colaboración fortalece la misión común de la Iglesia
En un mundo marcado por divisiones, el testimonio de congregaciones unidas por una sola meta -servir a Dios y al prójimo- es una luz de esperanza para mamás que han sufrido la desaparición de un hijo.
La Hermana María Refugio nos cuenta cómo cuando comunidades de vida consagrada caminan juntas, revelan que la verdadera fuerza no está en las estructuras, sino en el trabajo en conjunto con fundaciones, y en el corazón que escucha y actúa en comunión con la sociedad.











