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El ciclo femenino como escuela de templanza

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Guillermo Dellamary - publicado el 13/02/26
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En el ciclo de la mujer surgen datos extraordinarios que nos permiten conocer a mayor profundidad y con exactitud la pedagogía de la mujer. ¡Descúbrelo!<br>

Hay realidades que sostienen la vida sin hacer ruido. El ciclo femenino es una de ellas. No llega como un discurso, llega como una marea. Sube y baja, cambia el viento interior, mueve la sensibilidad, altera la luz de los días. Y en esa variación se esconde una pedagogía. La mujer, más que vivir un calendario, habita un ritmo. 

Durante años se ha visto el ciclo menstrual como una  carga. Pero también puede contemplarse como un gimnasio del espíritu. No porque el pesar sea bueno, sino porque lo repetido y lo corporal puede transformarse en arte interior.

El misterio que encontró Edith Stein

Ciclo menstrual de la mujer

Para Edith Stein la mujer posee una orientación singular hacia lo viviente y hacia la persona. Su modo de estar en el mundo tiende a acoger, a cuidar, a comprender desde dentro. Vivir tan cerca de los ritmos del cuerpo no es encierro, es camino de maduración. 

El cuerpo, con su lenguaje menstrual, puede enseñar a distinguir lo que pasa de lo que permanece. Puede enseñar a no confundir emoción con verdad, ni cansancio con destino. Y puede enseñar también a ponerse límites con ternura.

Stein ayuda a ver que lo femenino no es un papel social, es una forma de ser. Y esa forma está hecha de receptividad y decisión. Receptividad para escuchar y captar lo humano. Decisión para cuidar sin perderse, para amar sin disolverse.

El ciclo de la mujer

El ciclo, con sus estaciones, puede volverse entrenamiento para esa doble tarea. Cuando la mujer aprende a acompañarse, aprende a acompañar a su familia. Cuando aprende a sostener su propia marea, sostiene con más seguridad la marea de los demás.

La visión de santa Hildegarda

Hildegarda de Bingen, con su mirada mística y medicinal, ofrece otra clave. Ella entendía el cuerpo como creación atravesada por música y sentido. Hablaba de la viriditas, la fuerza del verdor que hace germinar lo vivo. Para Hildegarda la salud es una sinfonía de equilibrio. El alma, el cuerpo, el descanso, la alimentación, el entorno, todo conversa. Desde esa perspectiva el ciclo no es capricho. Es parte de una gran  partitura.

La visión de Hildegarda sugiere algo precioso para la vida espiritual. Cuando el cuerpo se vuelve más sensible, también el alma puede volverse más transparente. La marea interna, si no se lucha, se escucha. Y al escucharla nace una oración más humilde. Una oración que no exige y que no presume fuerza. 

Hay días de expansión y días de repliegue. Ambos pueden ser santos si se viven con verdad. A veces la santidad se parece a una llama.A veces se parece a una raíz que calla y sostiene.

Bajo la mirada filosófica de Alice von Hildebrand

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Alice von Hildebrand, desde una mirada filosófica creyente, recuerda un punto que la cultura del rendimiento suele olvidar. La sensibilidad no es inferioridad. Es capacidad de respuesta ante lo personal y lo vivo. Cuando se integra, se vuelve discernimiento. Cuando se educa, se vuelve refugio. No todo lo que se siente se obedece, pero todo lo que se siente se puede iluminar. Y esa luz, en la vida cotidiana, es una forma concreta de caridad. 

Hay gestos sencillos que vuelven esta escuela más luminosa. El primero es ponerle nombre a las emociones que ocurren. La claridad desactiva los fantasmas. El segundo es cuidar el terreno con descanso suficiente, actividad constante, buen alimento y silencio. 

El tercero es pactar ternura y bajar la velocidad cuando la sensibilidad aumenta, eligiendo el abrazo antes que el juicio. Esto no elimina los retos, pero evita que la química se convierta en guerra.

Al final, el ciclo femenino puede leerse como un recordatorio. La vida no es línea recta, es respiración. Hay tiempo de sembrar y tiempo de recoger. Hay tiempo de salir y tiempo de entrar. Quien aprende ese ritmo adquiere templanza. Una templanza que no endurece, sino que suaviza. Una templanza que no aplasta, sino que sostiene.

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