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3 fundamentos en los que se basa el celibato sacerdotal

El celibato en la Iglesia católica tiene una rica historia

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Henry Vargas Holguín - publicado el 11/02/26
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Reservarse por completo para servir a Dios haciendo promesa de celibato es una decisión libre y personal del sacerdote, que tiene tres sólidos fundamentos

Renunciar al amor de pareja para consagrarse totalmente a Dios por el celibato es algo querido por Cristo para algunas personas. Y para entenderlo, la Iglesia presenta los tres fundamentos necesarios que lo sustentan y justifican esta decisión libre y personal.

Según el Concilio Vaticano II en el decreto Presbyterorum Ordinis, entre los consejos evangélicos, sobresale la "perfecta continencia por el reino de los cielos": don "concedido a algunos por el Padre (cf. Mt 19, 11; 1 Co 7, 7) para que se consagren a Dios con un corazón que se mantiene más fácilmente indiviso (cf. 1 Co 7, 32-34) en la virginidad o en el celibato.

Los tres fundamentos para sustentar el celibato son: Cristológico, pastoral y escatológico. Los explicamos a continuación.

1Cristológico

Jesús vivió de esta manera, sin esposa ni hijos. Entonces el celibato es imitar la manera como Jesús obró; es decir hacer las cosas como él las hizo.

La exigencia del celibato no supera las capacidades humanas: el mismo Cristo indica el camino cuando invita a buscar la perfección.

Una plena realización del sacerdocio y del celibato lleva la personalidad del hombre a su auténtico desarrollo en la búsqueda del objetivo al que todos estamos llamados: la santidad.

El celibato necesita, por la propia debilidad que sentimos como hombres, un gran deseo de superarse, pues es ir “contra corriente” de las propias pasiones y “necesidades”. El hombre, por el hecho de ser hombre, es capaz de controlar sus propias reacciones.

A diferencia del celibato de los laicos, el de los sacerdotes y consagrados está determinado por una elección libre y consciente del hombre psicológicamente maduro y como tal no provoca frustraciones.

Hacer una elección libre significa siempre renunciar a otras posibilidades, a otros valores; y una elección libre es también testimonio de la convicción de que el valor que se ha escogido es superior a todos los demás.

2Pastoral

El unir el celibato y el sacerdocio ministerial es una opción por una mayor radicalidad evangélica hecha por la Iglesia y respaldada por la Palabra de Dios y el testimonio de los santos y tantos hombres y mujeres que a lo largo de la historia desde este don, y aun desde sus fragilidades, trataron y tratan de darlo todo en exclusividad a Dios y a su pueblo.       

El celibato está a favor de una plena dedicación al desempeño de un ministerio, sin más preocupación que este.

La persona está hecha para el amor y dándose, a tiempo pleno, al servicio de los demás es donde se plenifica, que es a fin de cuentas lo que ha enseñado Jesucristo: “amaos los unos a los otros como yo os he amado”; y también: “nadie tiene más amor que el que da la vida por sus amigos”.

Con una visión materialista, que solo comprende al hombre desde lo fisiológico y lo instintivo, difícilmente se pueden entender estos valores como un 'don de Dios', como un regalo e instrumento de servicio a la humanidad y al bien común.

3Escatológico

La castidad, incluyendo la castidad matrimonial, y el celibato son también un anuncio de las realidades futuras en donde la relación de las almas entre sí y con Dios no se regirán con los esquemas o parámetros humano-terrenos.

La Biblia dice que, “en la resurrección ni se casarán ni se darán en matrimonio, sino serán como los ángeles de Dios en el cielo” (Mateo 22, 30).

Esta fue la respuesta de Jesús al contestar una pregunta concerniente a una mujer quien había estado casada varias veces en su vida – ¿con quién estaría casada en el cielo (Mateo 22, 23-28)?

No habrá matrimonios en el cielo, simplemente porque no serán necesarios. Cuando Dios estableció el matrimonio, Él lo hizo para llenar ciertas necesidades, que en el cielo ya no existirán.

Entonces el celibato es un medio de anticipar la realidad del reino de los cielos; los sacerdotes y religiosos viven ya desde ahora como se vivirá en el cielo.

Valoremos a los sacerdotes que se mantiene fieles a su promesa y oremos por ellos para que nunca desfallezcan en su servicio por el pueblo de Dios.

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