Después de una enfermedad grave -como puede ser el càncer-, llega el día de volver al trabajo. Para algunos, es una salvación, sinónimo de renovación y regreso a la vida social. Para otros, es una fuente de angustia y fatiga. Hay quienes están en remisión, con la mayor parte del tratamiento ya superada, y otros que siguen tratamientos a largo plazo (quimioterapia oral, inmunoterapia, terapias dirigidas, etc.). Sin embargo, todos tienen algo en común: su mente está marcada por lo que han vivido y su cuerpo está marcado por dolores difusos o afectado por el "oncobrain", esa niebla cognitiva que ralentiza la memoria y la concentración.
A Delphine Remy le diagnosticaron un cáncer de mama hormono-dependiente muy agresivo en 2019. Doble mastectomía, quimioterapia, radioterapia, hormonoterapia, reconstrucción mamaria... Ha pasado por una auténtica carrera de obstáculos. En su libro Estar ahí, consolar y apoyar a una persona enferma (DR Square B.V.), advierte:
"Volver al trabajo después de una enfermedad grave no es 'hacer como si nada hubiera pasado'. Es reconstruir una identidad profesional y personal, encontrar un equilibrio que permita contribuir, existir en el colectivo, respetando al mismo tiempo los nuevos límites. Esto requiere tiempo, flexibilidad y, sobre todo, la certeza, tanto para la persona enferma como para la empresa, de que su valor no se mide únicamente por su productividad inmediata".
Saber si se está preparado para volver al trabajo
Para Delphine, lo primero es asegurarse de que uno se siente lo suficientemente estable, tanto emocional como físicamente. "La vuelta al trabajo es posible cuando la calidad de vida lo permite. Es difícil reincorporarse en plena quimioterapia, aunque hay quienes lo hacen. Y, por supuesto, hay que tener ganas de volver al trabajo", explica a Aleteia.
Herminia sintió ese deseo muy rápidamente. Madre de cinco hijos, descubrió que tenía cáncer de mama a los 46 años, durante el primer confinamiento, en 2020. "Me lo comunicaron por videoconferencia. Fue bastante brusco, muy difícil de asimilar. Mi jefa sabía que me estaba haciendo pruebas, pero mis otros dos superiores no. Les informé por correo electrónico. Si bien el primero tuvo una reacción muy cálida, el otro me sorprendió por su actitud muy fría. Solo me dijo: 'Tomo nota', como si le estuviera anunciando que mi coche se había averiado y que no podía ir a trabajar ese día", recuerda.
"Volver al trabajo significaba dar un paso hacia la recuperación, aunque estuviera muy cansada"
Después de la operación, cuando el médico le comunicó que su baja por enfermedad duraría al menos tres semanas, decidió ceñirse a ese plazo. "Ya habíamos pasado por el confinamiento, quería volver al trabajo, volver a ver a mis compañeros. Pedí que mi baja fuera corta. Era verano y sabía que después me iría de vacaciones", explica. Para ella, retomar una vida normal era un paso necesario. "Volver al trabajo significaba dar un paso hacia la recuperación, aunque estuviera muy cansada. Necesitaba, psicológicamente, decirme a mí misma que estaba pasando página".
Delphine Remy comparte este sentimiento: "Nunca dejé de trabajar, porque era esencial para mí. El compromiso con la causa fue mi motor. Ayudar a los demás, a través de un libro y un podcast, contar mi historia... Mi trabajo se convirtió en mi terapia".
Organizar su regreso
Para preparar su regreso, es fundamental ponerse en contacto con el médico del trabajo y su superior para organizar citas previas a la reincorporación y evaluar las posibles adaptaciones. "Analizar concretamente su trabajo permite comprender cómo es un día típico, identificar los momentos de fatiga y anticipar las limitaciones relacionadas con la enfermedad", señala Delphine Remy, quien insiste en la importancia de reflexionar, junto con su empleador, sobre las posibles adaptaciones en función del puesto y del estado de salud.

La reincorporación progresiva, mediante un trabajo a tiempo parcial terapéutico o el teletrabajo, contribuye a limitar el cansancio y los trastornos cognitivos. Pero lo esencial sigue siendo escucharse a uno mismo: solo el empleado conoce sus límites y puede expresarlos.
Enfrentarse a los demás
Volver al trabajo también significa enfrentarse a la mirada de los demás. Hay miradas benevolentes, palabras amables, bromas ligeras, cafés o almuerzos compartidos. Y luego están las miradas evasivas, los silencios incómodos y las frases torpes, a veces hirientes. Por eso se aconseja mantener el contacto con los compañeros durante la baja: esto limita la sensación de aislamiento y facilita la reincorporación. "Después de varios meses sin contacto, se corre el riesgo de un 'fade out', una especie de olvido".
En el caso de Herminia, optó por la transparencia. "No quise ocultarlo en el trabajo. Para mí no era un tema tabú. El día de mi operación recibí muchos mensajes de apoyo. Algunos me decían que rezaban por mí, incluso compañeros con los que no tenía una relación especialmente cercana".
Más allá de las citas médicas que se añaden a la agenda, la productividad se ve a menudo afectada por el cansancio y los trastornos cognitivos. Muchos describen la sensación de rendir menos, de buscar las palabras adecuadas o de no sentirse tan ágiles intelectualmente.
"Al salir de la quimioterapia, me resultaba muy difícil recordar números o escribir mis entradas en el blog. Esta disminución de las capacidades puede provocar una sensación de no estar a la altura, o incluso de perder la legitimidad profesional", confiesa Delphine. A esto se suman a veces dolores persistentes o tratamientos aún en curso, lo que complica la organización y acentúa la sensación de desajuste.
Un asunto de la empresa también
La reincorporación al trabajo no es una responsabilidad individual. Los directivos y compañeros de trabajo tienen un papel esencial que desempeñar a la hora de escuchar, comprender y respetar los límites y las necesidades del empleado.

Exigir una reincorporación 'al 100 %', despedir por incapacidad sin discusión previa, aislar a la persona enferma o rechazar cualquier solución alternativa debilita aún más a los empleados que ya están pasando por un momento difícil, lo cual es contraproducente. En estas situaciones, la persona se siente marginada, apartada, y la empresa pierde unos conocimientos técnicos muy valiosos.
"Precipitarse a retomar todo como antes puede conducir al agotamiento. Es fundamental contar con un acompañamiento adecuado, mantener un diálogo abierto con el responsable y tener en cuenta los límites físicos y cognitivos.
Aunque no siempre se trate de malas intenciones, estos comportamientos suelen provocar rupturas profesionales, e incluso cambios de profesión forzados. Y es que la vuelta al trabajo suele ir acompañada de un profundo cambio en las prioridades. Muchos sienten entonces la necesidad de dedicarse a actividades más útiles socialmente, de ayudar a los demás, de comprometerse con una asociación, un hospital o una profesión más orientada a las personas.
"Las empresas saldrían ganando si sensibilizaran más a sus equipos, organizaran talleres o conferencias sobre enfermedades graves o crónicas y desarrollaran una verdadera cultura inclusiva. Durante la enfermedad, a menudo se desarrollan habilidades muy valiosas: resiliencia, gestión del tiempo, capacidad para establecer prioridades, organización. Estas habilidades sociales pueden enriquecer a la empresa y contribuir a crear entornos de trabajo más humanos".
Cambiar la forma de trabajar o la trayectoria profesional no es un fracaso, sino una adaptación a las nuevas realidades sanitarias. Cuidarse, ajustar el horario, solicitar descansos o teletrabajo y planificar progresivamente la carga de trabajo permiten una reincorporación más duradera y serena. Como demuestran las experiencias de Delphine Remy y Herminia cada trayectoria es única, pero la paciencia, la escucha y el acompañamiento siguen siendo las claves para convertir esta delicada etapa en un éxito
Referencia: Être là, Consoler et soutenir une personne malade (Estar ahí, consolar y apoyar a una persona enferma), Delphine Remy, DR Square B.V., enero de 2026, 19,90 euros.











