Pocas horas antes de la inauguración de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Invierno de Milán-Cortina, el 6 de febrero de 2026, el Papa León XIV publicó una carta dedicada al valor del deporte como vehículo de desarrollo humano y social. Titulado "Vida en Abundancia", el documento de diez páginas, publicado en ocho idiomas, destaca las múltiples virtudes de la actividad física, a la vez que advierte contra sus excesos contemporáneos, como la manipulación ideológica y la intrusión de intereses económicos y mediáticos en lo que debería seguir siendo una "escuela de humanidad".
El líder de la Iglesia Católica dirigió esta reflexión "a todos", enfatizando que el deporte es "una expresión universal de la humanidad". Mientras las delegaciones de todo el mundo se preparan para desfilar esta noche bajo sus banderas en el estadio San Siro de Milán, hizo un llamado a todas las naciones a "redescubrir y respetar" la Tregua Olímpica establecida en la antigua Grecia.
A lo largo de su texto, el 267.º Papa expresa su deseo de que el deporte sea accesible para todos. Denuncia la discriminación derivada del coste de las actividades deportivas en ciertas sociedades que se consideran avanzadas, señalando específicamente el principio de "pagar para jugar". También critica a las sociedades que excluyen a las niñas y mujeres de estas actividades de ocio. Y lamenta, de paso: "A veces, en la formación religiosa, especialmente en el caso de las mujeres, persiste la desconfianza y el miedo a la actividad física y al deporte".
La "lección decisiva" del deporte
En esta carta, León XIV destaca las virtudes del deporte para el desarrollo personal. Un entusiasta del tenis, que lo practicaba con su secretaria peruana, evoca la emocionante experiencia de un peloteo prolongado entre dos oponentes. "Uno de los momentos más entretenidos de un partido es cuando cada jugador lleva al otro al límite de su habilidad", confiesa, viendo en ello una motivación para "mejorar".
Para el Papa, el deporte es un poderoso facilitador de las relaciones sociales y las competiciones deportivas pueden fomentar la unidad entre las personas. A lo largo del texto, el pontífice peruano-estadounidense argumenta que la experiencia deportiva es un remedio contra el egocentrismo.
El deporte es una "excelente oportunidad educativa", que inculca "virtudes personales, cristianas y cívicas fundamentales", añade, enfatizando el "papel crucial" de los entrenadores. El deporte también enseña una relación tranquila con los límites del cuerpo, el tiempo y la fatiga, y con las reglas, sin las cuales solo habría "caos o violencia".
En definitiva, el deporte "ofrece una lección decisiva que trasciende el ámbito competitivo": enseña "una comprensión más profunda de la vida, donde el éxito nunca es definitivo y el fracaso nunca es la última palabra". "Aceptar la derrota sin desesperación y la victoria sin arrogancia es aprender a vivir la realidad con madurez", declaró León XIV.
Narcisismo, fanatismo, negocios: las trampas del deporte
León XIV se explaya en los excesos que ponen en peligro los valores deportivos, denunciando la corrupción y la injerencia de la industria del juego que afectan al mundo del deporte. Deplora una mentalidad empresarial que se centra obsesivamente en los resultados obtenidos y en las ganancias que se pueden obtener de las victorias, y que conduce a fraudes como el dopaje.
Además de esta "dictadura del rendimiento", el Papa condena la "instrumentalización política" o manipulación ideológica de las competiciones deportivas internacionales. "Cuando el deporte se somete a lógicas de poder, propaganda o supremacía nacional, se traiciona su vocación universal", advierte.
Refiriéndose a las rivalidades entre aficionados, advierte del riesgo de caer en el "fanatismo", deplorando la "violencia verbal y física" en los estadios, así como la asociación de ciertos grupos con discriminaciones políticas, sociales y religiosas.
Otro peligro que preocupaba a León XIV era que el deporte pudiera adquirir una función casi religiosa, donde los estadios se convirtieran en catedrales seculares, los partidos en liturgias colectivas y los atletas en figuras salvíficas. "Cuando el deporte pretende sustituir a la religión, pierde su carácter lúdico y su servicio a la vida, volviéndose absoluto, abarcador, incapaz de relativización", advirtió el sucesor de Pedro.
Advertencias sobre las disociaciones entre cuerpo y mente
El Papa cita el peligro del narcisismo en la cultura deportiva, afirmando que el culto a la imagen o la fascinación por la popularidad, amplificada por los medios de comunicación y las redes sociales, corre el riesgo de fragmentar a la persona, separando el cuerpo de la mente y el alma. De igual manera, añade, las tecnologías del transhumanismo y la Inteligencia Artificial corren el riesgo de introducir una separación artificial entre cuerpo y mente, transformando al atleta en un producto optimizado, controlado y mejorado más allá de los límites naturales.
La carta expresa la preocupación del pontífice por la creciente asimilación del deporte a la lógica de los videojuegos. Para León XIV, la gamificación extrema de la práctica atlética y su reducción a puntuaciones, niveles y rendimientos reproducibles también conducen a una disociación entre el deporte y el cuerpo real.
"El juego, que siempre se basa en el riesgo, lo inesperado y la presencia, es reemplazado por una simulación que promete control total y gratificación inmediata", argumenta, abogando por un retorno a la dimensión "corporizada" del deporte.
Para una correcta práctica deportiva
Para que el deporte siga siendo "una escuela de humanidad", el Papa pide liberarlo "de la lógica reduccionista que lo transforma en mero espectáculo o consumo". Declara que la práctica adecuada del deporte "nos enseña a cuidarnos sin idolatrarnos, a superarnos sin negarnos, a competir sin perder la fraternidad".
Elogiando la "extraordinaria capacidad de inclusión" del deporte, insta a aprender de las tradiciones "de las culturas indígenas, de los países africanos y asiáticos, de las Américas y de otras regiones del mundo". Enumera los numerosos valores que promueve el deporte, como la lealtad, el compartir, la hospitalidad, el diálogo y la confianza en los demás.
El papel que León XIV confió a la Iglesia
Dado que el deporte es uno de los espacios donde se educan las jóvenes generaciones, el Papa pide a la Iglesia que asuma esta función pastoral tanto a nivel competitivo como amateur. Recomienda la creación de oficinas o comisiones en las conferencias episcopales y, en las diócesis, el nombramiento de un responsable diocesano dedicado a este tema.
Si bien el Papa reconoce que en el pasado ha habido escritos cristianos con una visión bastante negativa del cuerpo, como los de los movimientos gnóstico y maniqueo, afirma que la corriente principal de la teología cristiana ha reconocido las virtudes del deporte, como ejemplifican santo Tomás de Aquino o educadores como san Felipe Neri y san Juan Bosco. Según esta perspectiva cristiana, la persona debe estar siempre en el centro del deporte, enfatiza el Papa en su texto.
En esta reflexión, el pontífice sigue los pasos de León XIII —cuya encíclica Rerum novarum (1891) impulsó la creación de numerosas asociaciones deportivas católicas—, pero también de Juan Pablo II, el Papa Francisco y el Concilio Vaticano II. En los últimos años, la Santa Sede ha destacado el ámbito del deporte con la creación de su equipo oficial, Athletica Vaticana, en 2018, y la celebración del Giro de Italia en el Vaticano el pasado junio.










