Cabello teñido de rosa, lentes de contacto de colores, faldas demasiado cortas, piercings en la nariz o tatuajes en las piernas... ¿Qué padre no ha suspirado alguna vez con exasperación al ver el look de su hijo adolescente? La adolescencia es un periodo de exploración para los jóvenes, que se buscan a sí mismos al tiempo que buscan a sus padres.
Para ellos, la ropa es a menudo un medio de expresión para diferenciarse y probar algo nuevo. El único problema es que estas novedades no siempre cuentan con la aprobación de todos. ¿Cómo abordar el estilo de vestir o las elecciones de apariencia de su hijo sin crear (demasiado) conflicto?
Elegir sus batallas
"Hay situaciones en las que hay que saber mantenerse firme y otras en las que hay que ceder. Hay cosas que los padres consideran importantes y que deben expresar, como vestir de forma adecuada en determinadas situaciones, pero dejando a los adolescentes libertad para vestirse como quieran en otros contextos", explica a Aleteia Anne-Claire de Pracomtal, terapeuta familiar, coach y cofundadora de la plataforma "IAMSTRONG", dedicada a acompañar a adolescentes y padres con dificultades.
Y subraya: "Se trata de determinar dónde poner los límites —por ejemplo, llevar un crop top— y recordar ciertas normas de decoro, respetando al mismo tiempo su deseo de autonomía y libertad. También es una cuestión de cuerpo, de intimidad y una oportunidad para establecer normas claras que sean visibles y comprensibles".
Florence, madre de cinco hijos, afirma: "No lucho en todos los frentes. Prefiero elegir mis batallas". Corte de pelo a lo mullet para uno de sus hijos, look de artista para otro, se ha acostumbrado. "Mientras respeten los valores de la familia y su apariencia no sea muy provocativa ni ofenda a nadie, lo acepto". Por su parte, Sandrine aprovecha los momentos de compras con su hija Agathe, de 14 años, para inculcarle el "buen gusto y la elegancia a la francesa". "Nos hace más cómplices", opina.
Recurrir a una tercera persona para transmitir el mensaje
Pero, ¿qué pasa con la ropa o los gustos totalmente inapropiados, sobre todo si el hijo parece no entender el mensaje de los padres? La experta aconseja dar prioridad al diálogo antes que a la prohibición brutal. "Es importante escuchar y hablar con los hijos, incluso a los 14 años. Si el hijo expresa su deseo de hacerse un piercing o un tatuaje, no hay que rechazar la idea inmediatamente, aunque la primera reacción pueda ser negativa.
Es fundamental valorar positivamente el hecho de que el hijo no haya tenido miedo de hablar de ello y demostrar que se comprende su deseo. Y aconsejar, según la edad (14-15 años), que espere un poco antes de tomar una decisión, ya que se trata de una elección más o menos definitiva de la que podría arrepentirse. Explíquele bien que esperar unos años no es ningún problema y le permite comprobar si realmente quiere hacerlo", detalla.
Si quieres que te escuchen, es mejor abordar el tema con sutileza

Y si el mensaje no cala, la especialista explica que recurrir a un familiar de confianza, como un primo mayor o un tío con el que se lleven bien, puede ayudar a transmitir un mensaje más razonable. "El niño debe tener una persona de confianza con quien hablar". Florence sabe que puede contar con sus hijos mayores para hacer entrar en razón a su hija en ocasiones. "No dudan en decirle a Virginie lo que piensan los hombres cuando ven tal o cual atuendo. Son bastante directos y eso le produce un pequeño efecto de choque", confiesa.
Para Letitia, madre de dos hijas, hoy de 23 y 25 años, los niños siempre encontrarán la manera de transgredir lo prohibido. "Con el primer tatuaje que se hizo mi hija mayor, no tuve más remedio que aceptarlo, porque lo hizo para rendir homenaje a su abuela, que acababa de fallecer".
"Laura tenía 17 años en ese momento y encontró una forma de pedirle a la madre de una amiga que la acompañara, ya que un menor no puede tatuarse sin el consentimiento de uno de sus padres. Sabía que yo no se lo daría", recuerda.
Desde entonces, su hija ha acumulado tatuajes e incluso lo ha convertido en su profesión. "Siempre le he dicho que no era bueno para la salud, que no lo toleraba. Sigo sin estar de acuerdo con su elección, pero prefiero tener una buena relación con ella y que hablemos en lugar de discutir constantemente sobre este tema", confiesa la parisina.












