“Somos las 45 familias a las que se les paró el reloj a las 7:45 de aquella fatídica tarde…”. El accidente de tren del pasado 18 de enero en la localidad española de Adamuz se llevó a sus seres queridos, pero no su fe. Por eso este jueves celebraron en Huelva la misa funeral por sus familiares fallecidos.
Rezaron acompañados por los reyes de España y por miles de personas que quisieron unirse a su oración.
Poco antes de acabar la celebración, resonó la voz de Liliana Sáenz de la Torre en el Palacio de Deportes Carolina Marín.
En nombre de los que perdieron algún familiar en el siniestro ferroviario, pronunció desde el ambón un emotivo discurso lleno de agradecimiento, fortaleza y fe. En el discurso, admite que las víctimas no quieren más presidencia que la de Dios:
"En primer lugar, gracias a nuestra Diócesis por este funeral, el único funeral que cabía en esta despedida, pues la única presidencia que queremos a nuestro lado es la del Dios que hoy aquí se ha hecho presente en el pan y el vino bajo la mirada de su madre, en su advocación cinteña"
La acompañaba su hermano. Ambos sostenían una rosa blanca entre sus manos entrelazadas tras la muerte de su madre, que en aquel último viaje de su vida iba rezando el rosario.
“Sabremos la verdad, lucharemos para que nunca haya otro tren”, se comprometió Liliana.
“Pero lo haremos desde la serenidad, desde el alivio, desde la paz de saber que en los brazos de la Virgen ahora duermen y -añadió agarrando la medalla que llevaba en el pecho sobre su ropa negra- el regazo de una madre que los quiere es quien los mece”.
En ese punto, su hermano, conteniendo las lágrimas, miró, tras el altar, la gran imagen de la Virgen de la Cinta, patrona de Huelva.
Y Liliana rezó esta plegaria a la que siguió un largo aplauso de los presentes y la bendición del obispo.

Oración
Virgencita de la Cinta, patrona de este gran pueblo,
dales paz, serenidad, descanso eterno.
Virgen bella, virgen guapa, no los sueltes de tu vera,
que no sientan el dolor, que no sientan la miseria.
Que el amor y la verdad los cobije para siempre
y en el abrazo de Dios la vida venza a la muerte.
Madre de la Almudena, virgen que guía el camino,
llévales el beso mudo, ese adiós que no les dimos.
Remedios, madre querida, reina del Aljaraqueño,
bríndales tus firmes manos que ya nunca tengan miedo.
Madre del amor hermoso, reina de la Victoria, Dolores del negro luto,
concédeles tú la gloria.
Y guía también nuestras vidas, humilde Virgen del Sol,
y que la misericordia lata en nuestro corazón.
Haz que cese este dolor, Virgen morena del Carmen,
llévate esta cruel espada con la espuma de los mares.
Y tú, Virgen del Rocío, la que alumbra mis desvelos,
la que siempre me acompaña cuando me rompo por dentro,
abraza sus corazones
y llévales un suspiro con una canción de amor por los años compartidos.
Diles que tenemos paz y que seremos valientes,
que el odio no nacerá en la rabia que nos crece.
Que volverán las sonrisas y seguiremos viviendo
y este amor no morirá, vivirá de sus recuerdos.
Diles tú, Blanca Paloma, Pastora de la Rocina,
que siempre los sentiremos con el sol o con la brisa,
y que con fe esperaremos a que llegue ese momento
en el que Dios nos abrace y así volvamos a vernos.
Descansen en paz".
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