Las mascotas en la Iglesia católica se distinguen entre el alma humana y la de los animales, y figuras como San Juan Pablo II y Francisco han profundizado en nuestra relación con las criaturas de Dios.
¿Tienen alma nuestras mascotas? ¿Podremos volver a verlas en la eternidad? Según la enseñanza cristiana tradicional, los animales no poseen el alma espiritual e inmortal del ser humano… pero su lugar en el plan de Dios abre caminos de esperanza y caridad. Esto expresa la compasión y el cariño que Dios tiene por su creación.











