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¿Unidad y uniformidad? se parecen, pero no es lo mismo

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Mónica Muñoz - publicado el 26/01/26
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Escuchamos que un atributo de la Iglesia es la unidad, pero hay que tener claro que no se trata de vivir en uniformidad, que es un término muy distinto

En días pasados escuchamos mucho el término "unidad", lo que para muchos puede significar que debemos pensar exactamente igual para que podamos vivir en paz. Por supuesto, esa es una manera muy clara de malinterpretar este atributo de la Iglesia, confundiéndola con "uniformidad". Veamos de qué se trata cada uno.

Una en Dios

Cuando Dios pensó en nosotros, quiso que cada uno fuese diferente de los demás. No hay en el mundo dos seres humanos iguales, ni siquiera los gemelos lo son. Por eso, podemos entender que cuando Jesús ideó la Iglesia sabía que estaría integrada por personas con muchas maneras de pensar distintas. Y a pesar de ello, quiso que fuera "una".

Entonces, ¿a qué se refiere el término "unidad"? Leemos en el Catecismo de la Iglesia católica:

"La Iglesia es una debido a su origen: 'El modelo y principio supremo de este misterio es la unidad de un solo Dios Padre e Hijo en el Espíritu Santo, en la Trinidad de personas'" (UR 2). (CEC 813)

El Catecismo aclara que también es una por su fundador, nuestro Señor Jesucristo, que con su muerte en la cruz reconcilió a todos los hombres con Dios "restituyendo la unidad de todos en un solo pueblo y en un solo cuerpo". Y añade:

"La Iglesia es una debido a su 'alma': "El Espíritu Santo que habita en los creyentes y llena y gobierna a toda la Iglesia, realiza esa admirable comunión de fieles y une a todos en Cristo tan íntimamente que es el Principio de la unidad de la Iglesia"(CEC 813).

Todos somos distintos

En cuanto a la uniformidad, Dios no quiere que pensemos y nos comportemos igual. Estar "uniformados" significaría perder nuestra identidad. Por eso, la Iglesia entiende bien el pensamiento de Cristo, que eligió a sus Apóstoles siendo tan distintos unos de los otros. El Catecismo lo presenta de este modo:

"Desde el principio, esta Iglesia una se presenta, no obstante, con una gran diversidad que procede a la vez de la variedad de los dones de Dios y de la multiplicidad de las personas que los reciben. En la unidad del Pueblo de Dios se reúnen los diferentes pueblos y culturas. Entre los miembros de la Iglesia existe una diversidad de dones, cargos, condiciones y modos de vida; 'dentro de la comunión eclesial, existen legítimamente las Iglesias particulares con sus propias tradiciones'" (LG 13) (CEC 814).

Y acota algo sumamente importante:

"La gran riqueza de esta diversidad no se opone a la unidad de la Iglesia. No obstante, el pecado y el peso de sus consecuencias amenazan sin cesar el don de la unidad. También el apóstol debe exhortar a 'guardar la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz'" (Ef 4, 3)(CEC 814).

Vivir unidos

Entonces, ¿qué nos toca hacer a los cristianos católicos para vivir como Cristo quiso, siendo uno (Jn 17, 21)? En primer lugar, orar mucho. No podemos lograr nada sin la oración, que nos hace dóciles a la voz de Dios.

En seguida, entender que la Iglesia fue fundada por Cristo y que no está hecha a nuestro gusto, sino comprendiendo nuestras necesidades para hacernos más fácil la salvación. Por eso, alejarnos de sus enseñanzas solo fomentará la división entre nosotros.

Comprendamos que alimentar las divisiones internas - como la de los hermanos que creen que la Iglesia era mejor antes del Concilio Vaticano II o que niegan la autoridad del Papa - solamente consigue herir al Cuerpo de Cristo.

Por lo tanto, esforcémonos en conocer más y amar mejor a nuestra Iglesia, amemos a nuestros hermanos y valoremos sus diferencias, pues así es como Jesús nos ama y nos quiere junto a Él en el cielo.

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