Una peculiar ceguera, cambia la vida. En la fiesta de la Conversión de san Pablo, la Iglesia recuerda cómo la oscuridad física se transformó en luz interior y misión apostólica
La conversión de san Pablo comenzó con una caída, una luz cegadora y tres días de oscuridad. Aquella ceguera no fue un castigo, sino el inicio de una visión nueva que cambiaría para siempre la historia de la Iglesia. Convirtiéndose así en un cristiano, que mucho antes el los perseguía.











